noviembre 30, 2020
Xavier Vives, en una imagen de 2019.
Xavier Vives, en una imagen de 2019.

Xavier Vives (Barcelona, 1955) atiende a Negocios una semana después de recibir el Premio Nacional de Investigación en la categoría de Economía. Doctor por la Universidad de Berkeley y hoy profesor de la escuela de negocios IESE, el economista catalán ha pasado —como docente— por las aulas de Harvard y de Insead, siempre con la economía industrial, financiera y de la competencia como ramas predilectas en sus análisis. La conversación, sin embargo, discurre por esos y otros derroteros: muy atento a la actualidad, acepta de buen grado cualquier pregunta sobre economía.

Pregunta. ¿En qué punto de la crisis estamos?

Respuesta. La pandemia ha sido como coger toda la crisis anterior y concentrarla en unos pocos meses. En el cuarto trimestre vamos a volver a tener problemas, y eso nos va a llevar cerca del escenario más pesimista. Más aún si nos empeñamos en salvar la Navidad a riesgo de una tercera ola. A partir de aquí, la vacuna cambia la dinámica, pero va a tomar tiempo: la perspectiva es más optimista en general, aunque España saldrá con daños importantes. Sobre todo si hay empresas viables que podrían haber sobrevivido y no han sido ayudadas.

P. Es una crisis rara: si se confirman las buenas noticias, un solo factor —la vacuna— puede hacer que pasemos página.

R. Sí. Es una crisis puramente exógena, y si eliminas el factor exógeno, la recuperación puede ser rápida.

P. ¿Hasta qué punto hay riesgo de que mute en algo más, sobre todo en lo financiero?

R. Depende en gran medida de la afectación económica: si hay que poner en marcha más restricciones, los balances bancarios se deteriorarán aún más y, entonces sí, podríamos entrar en una crisis financiera. Pero, hasta ahora, en esta crisis los bancos no han sido el problema, sino más bien parte de la solución. Si las vacunas son efectivas, podemos descartar el riesgo de una crisis financiera.

P. ¿Cómo valora la respuesta, tanto monetaria como fiscal, a la crisis?

R. La de los bancos centrales no me ha sorprendido: llevan tiempo acostumbrados a lidiar con crisis sistémicas. Sí ha sido una novedad, muy positiva, que los Gobiernos, sobre todo en Europa, reaccionaran con perspectiva e inyectaran más dinero que en la crisis anterior.

Aun así, España ha gastado demasiado poco dinero en ayudar a las personas y las empresas. Hay una asimetría clara con otros países europeos, como Francia, Alemania o el Reino Unido, que están asegurando a las empresas ingresos de entre el 70% y el 80% respecto a lo declarado ante Hacienda en el pasado. Aquí se está obligando a cerrar dando compensaciones muy pequeñas.

P. ¿Por qué se da esta diferencia?

R. Por timidez y por el temor a que, si se piden demasiados préstamos, tendrán aparejada alguna intervención, tipo hombres de negro o rescates… Los políticos españoles son demasiado timoratos en ese sentido, y piensan que les va a pasar una factura política cuando en realidad es mucho peor lo otro: lo peor es que se hundan un porcentaje alto de negocios que podrían haber sobrevivido. Todo lo que se ha hecho es positivo, pero esa timidez en la intervención no lo ha sido: es inevitable que la destrucción del tejido productivo sea mayor aquí.

P. Europa ha dado pasos importantes con el plan de recuperación. Ha tenido que ser a la fuerza, pero se ha conseguido una primera mutualización de la deuda.

P. Sí, y hay que pensarlo bien: ¿dónde estaría España, esta vez, sin la Unión Europea? Es un primer paso importante que se ha dado, como siempre, al borde del abismo: [Mario] Draghi lo dio en 2012 y, ahora, ha ocurrido lo mismo. Me temo que volverá a pasar, y tendremos que estar de nuevo al borde de otro abismo para tomar decisiones. Al final, es Alemania la que decide actuar cuando ve que hay un peligro real de descomposición de Europa.

P. ¿Cómo valora lo que se va sabiendo del fondo de recuperación?

R. En España tenemos una tradición de no aprovechar todos los fondos europeos por una cuestión de falta de capacidad de gestión, absorción y ejecución. Hay mucho que hacer si queremos aprovechar estos recursos: pueden ayudar a cambiar la economía española, a poner las bases para transformar nuestro esquema productivo. Pero es muy importante que lleguen a las pymes: estos proyectos no pueden ser únicamente para las grandes. Si conseguimos eso, ahí sí, daríamos un gran salto.

P. La pandemia es un claro toque de atención para países tan dependientes del sector servicios como España. Las economías que mejor están capeando el temporal son las industriales.

R. Sin duda. Por inercia hemos ido a un modelo fácil de turismo, construcción y servicios asociados a ambos. ¿Cómo íbamos a pensar que iban a desaparecer los turistas? Pues, mira, han desaparecido… No solo es arriesgado por eso, sino porque son sectores que no tiran de la productividad.

P. Si algo ha demostrado la crisis sanitaria es que es un potentísimo catalizador del ahorro, en parte por imposibilidad de gastar y en parte por precaución. ¿A dónde va a ir a parar?

R. Es difícil de saber. Parte de esa demanda contenida, cuando se vean las vacunas, volverá y veremos un repunte importante. Pero toda crisis importante deja un poso en las generaciones más impactadas: los que pasaron por la del 29, por una guerra o por la crisis financiera global tienden a asumir menos riesgos, a ahorrar más… Y eso puede pesar sobre el crecimiento, agravando la tendencia previa al estancamiento secular. La duda es qué va a pensar la gente: ¿va a pasar otra vez dentro de 100 años y eso hace que no me preocupe porque no voy a estar aquí? O, ¿es un shock que puede volver a repetirse y eso hará que seamos más precavidos y ahorremos más? Es la histéresis que puede traer esta crisis.

P. Hay quien cree que el cambio de hábitos tras la pandemia provocará también un aumento de la productividad.

R. En esto soy claramente optimista: yo también creo que vamos a ver un impacto positivo en la productividad. Muchas rutinas que eran ineficientes y que no habían incorporado las nuevas tecnologías, ahora sí lo han hecho. También el teletrabajo o la telemedicina… El proceso de digitalización ha dado un avance de varios años. No era tanto que la tecnología no estuviera disponible, sino que se estaba infrautilizando.

Fusiones en entidades financieras

Gran conocedor del sector financiero y estudioso de la competencia y la regulación, Vives ve en la fusión en ciernes, CaixaBank-Bankia, y en la fallida BBVA-Sabadell (descartada por sus protagonistas el pasado jueves, poco después de esta entrevista), algo natural ante la acuciante necesidad de reducir costes y adaptarse a un entorno que ha cambiado radicalmente en los últimos años. Pero aún habrá que esperar, dice, para ver su impacto real para los consumidores.

Pregunta. Frente a la sequía de operaciones corporativas en otras industrias, la banca española está moviendo ficha. ¿Cuánto le preocupa la concentración?

Respuesta. Esta crisis obliga a reducir costes a la carrera. ¿Cómo? Con fusiones domésticas. Los reguladores lo impulsan sabiendo que, al crear bancos mayores, creas un riesgo sistémico añadido. Aún queda pendiente el tema de la competencia: habrá que verlo por segmentos y por regiones, pero si hay un número suficiente de bancos establecidos y los nuevos entrantes, sobre todo digitales, no tienen barreras para entrar y pueden competir en distintos segmentos, los servicios financieros no se deberían encarecer ni empeorar.

P. Pero la cuota de mercado de los cuatro grandes bancos españoles será enorme.

R. Sí, pero esperemos un tiempo a ver qué pasa en Francia o Alemania. Esto no es un fenómeno únicamente español: es un fenómeno europeo en el que vamos adelantados. Estas estructuras, con tantas sucursales cuando hay gente que no va nunca al banco… Es un sector que tenía una gran sobrecapacidad y que necesita una transformación.

P. Lo que no terminan de arrancar son las fusiones transfronterizas. ¿Por qué?

R. Primero, porque no generarían grandes ahorros de costes: el ahorro de verdad está en reducir los solapamientos. Segundo, porque que la unión bancaria europea no está completada: aún no tenemos un seguro de depósito común, por ejemplo, y hay muchas regulaciones distintas entre países. Las veremos, pero antes habría que dar pasos en la unión bancaria. Mientras, lo que está claro es que los bancos europeos se han quedado muy rezagados respecto a los americanos: para competir con ellos, hay mucha gente pensando en grandes fusiones para poder competir con la banca de inversión americana.