Equipo de Pepe Pinreles, en su sede de Sevilla.
Equipo de Pepe Pinreles, en su sede de Sevilla.

En vez de ponerte un calcetín marrón o azul marino, te pones uno de la fiesta», resalta Juan Carlos Ramos Picchi para resumir la idiosincrasia de Pepe Pinreles. Esta empresa andaluza comercializa unos calcetines cuyos diseños estampan “un trocito de nuestra tierra”.

Picchi es “un periodista que vende calcetines” y lleva mucho tiempo jugando con la nostalgia. La manía de personalizar productos la inició con DeTriana, una tienda para la comercialización de ropa con motivos relacionados exclusivamente con este barrio sevillano. De las camisetas pasó a las pulseras y a otros artículos de regalo. Después diseñó clicks de Playmobil cofrades y eso en Sevilla caló: “La gente quería nazarenos, acólitos e incluso pasos de Semana Santa”. Ya con Javier Ayala (su socio de Pepe Pinreles) en el equipo, la siguiente propuesta fue caracterizar las figuritas como agrupaciones del Carnaval de Cádiz. “Funcionó de escándalo. La gente lo flipaba viendo a los clásicos clicks convertidos en comparsistas y en coristas”, recuerda. La repercusión fue “muy grande en muy poco tiempo” y empezaron a guardar el dinero para una inversión futura.

El momento llegó en 2018. Comenzaron a vestirse por los pies. Picchi y Ayala se lanzaron a fabricar “calcetines de nuestras cosas”. En esa lista están los catavinos, los espetos, los farolillos y los pitos de caña. También la Giralda, la Alhambra, la Mezquita… “El primer par fue un diseño del puente de Triana. Fue un exitazo brutal”. Pepe Pinreles no podía parar y tiró del calendario: los carnavales, la Semana Santa, la Feria de Abril, el Rocío… Tras la aceptación en Andalucía, los socios saltaron al tablero nacional con calcetines de los Sanfermines, el Camino de Santiago, San Isidro y las Fallas.

Guasa por nueve euros

“Es un calcetín que se presta a la guasa”, dice Picchi. El precio también: 9,69 euros. “Quiero que la gente se acuerde del pico”. El pack de tres pares cuesta 25 euros y supone el 80% de las ventas. Pepe Pinreles cerró 2019 con una facturación de 635.000 euros y un ebitda de 50.218. “Estamos escapando bien”, apunta el emprendedor para resumir este año pandémico en el que pretenden superar el millón de euros de facturación. Incluso “si las navidades no son muy extrañas, la doblaremos”. Recientemente han aumentado su número de tiendas, dos en Sevilla y otra en Córdoba, y han contratado a cuatro personas. Para finales de año el equipo superará la veintena. Hace dos años eran sólo dos.

La compañía tiene como tarea pendiente la venta online. Ahora supone un 32% de las ventas y busca doblar esa cifra. La respuesta de sus clientes durante la pandemia respalda la estrategia. Se preveía un batacazo económico, ya que las primeras semanas de confinamiento coincidieron con las fiestas de primavera sevillanas, uno de los periodos de mayor actividad comercial junto con las navidades. Pero tras paralizarlo todo —»queríamos ser responsables con nuestra gente y con los mensajeros»— mejoraron los números del año anterior a través del canal digital.

Sus diseños apelan al arraigo y van más allá de los lunares, las líneas y las figuras geométricas usadas por la competencia. La cultura popular es la principal baza para diferenciarse. Y también el deporte. Pepe Pinreles no dudó en apostar por el fútbol. Se hicieron fuertes en casa antes de ir a domicilio: a los contratos con Betis, Sevilla, Cádiz y Recreativo de Huelva le siguieron los de Osasuna, Albacete y Badajoz. El pasado febrero se convirtieron en los licenciatarios oficiales de la Selección Española de Fútbol. “Es una oportunidad que nos ha abierto muchas puertas a otras grandes empresas”.

Están presente en 35 centros de El Corte Inglés. “En muchos estamos en la división de turismo, pero ahora entramos en la de caballero, que era nuestro anhelo”. También amarraron una colaboración con Cruzcampo para una promoción navideña que se repetirá este año. Entregaron más de 100.000 pares de calcetines.

La empresa apuesta “por lo de aquí” tras las tentativas chinas y polacas de llevar su fabricación fuera de España. “No queremos perder la distancia al cliente ni al negocio”, remata Picchi.