noviembre 9, 2020

Aunque no es la confirmación definitiva, la información que hemos recibido hoy sobre la vacuna de Pfizer para el coronavirus es, sin duda, una de las mejores y más esperadas noticias que podíamos recibir. Hace solo unos meses, muchos expertos afirmaban que tardaríamos años en tener una vacuna contra el coronavirus y, en realidad, era lógico que lo dijeran, pues nunca como ahora se habían dedicado tantos recursos a trabajar, ya sea en paralelo o competitivamente, en la lucha contra un virus. La viruela, por poner un ejemplo, se originó alrededor del 1.000 antes de Cristo, y fue declarada como erradicada por la OMS en 1980. Casi tres milenios.

De acuerdo, sé que el ejemplo es un poco tramposo, pero lo que es indudable es que el coronavirus, y las consecuencias del mismo a nivel global y en muchos aspectos, ha provocado que la comunidad científica vuelva a dar lo mejor de sí (como tantas veces ha hecho a lo largo de la historia) y que, en base a ese esfuerzo, hoy sepamos que la vacuna de Pfizer desarrollada en conjunto con la firma alemana BioNTech, y según informa el laboratorio farmacéutico, tiene una efectividad superior al 90%.

En el momento de publicación de esta noticia, ni Pfizer y BioNTech han publicado los datos de sus ensayos, algo que se espera que hagan en breve, lo único que tenemos por el momento es una comunicación oficial, firmada por ambas compañías, en la que informan del grado de efectividad de la vacuna en la que llevan meses trabajando. Y es que debemos recordar que aunque ya hay varios ensayos clínicos en fase 3, el de la vacuna de Pfizer ha sido el más rápido de ellos.

Ante la publicación de esta noticia, la comunidad científica se muestra razonablemente optimista pero, no obstante, llaman a la prudencia, especialmente hasta que Pfizer y BioNTech publiquen los datos recogidos en el ensayo de su vacuna. Y no solo por sus excelentes números, sino porque emplea una técnica que, aunque discutida y estudiada durante años por la comunidad científica, todavía existe ninguna vacuna aprobada que la emplee. A este respecto, la vacuna de Pfizer para el coronavirus podría ser pionera, si finalmente el proyecto llega a buen puerto.

Vacuna de Pfizer: ¿qué sabemos hasta el momento?

Espícula viral del SARS-CoV-2 en contacto con la enzima convertidora de la angiotensina 2 (ACE-2). Imagen: https://janewhitney.com

La vacuna de Pfizer y BioNTech se basa en ARN Mensajero (ARNm) y emplea una espícula viral para adherirse a las células humanas, iniciando así su infección. De este modo la vacuna no solo aporta al sistema inmunológico el fragmento del patógeno para el entrenamiento, sino que también reproduce su modelo de infección. Así, si el sistema inmune es capaz de identificar y repeler la glicoproteína presente en la espícula, se impedirá que el patógeno llegue a atacar a la célula, abortando el proceso infeccioso en una fase particularmente temprana. Por si te estás preguntando por las espículas del patógeno, son las protuberancias rojas que puedes ver en la imagen superior.

De confirmarse los datos aportados hoy por ambas empresas, se podrían activar procedimientos de emergencia para acelerar tanto su aprobación con la producción masiva y distribución. Sin embargo, y a este respecto, hay que tener en cuenta que la vacuna de Pfizer presenta una complicación: debe conservarse a una temperatura de -70 grados, lo que obligará a realizar un enorme esfuerzo logístico para su distribución. Este no es un problema exclusivo de la vacuna de Pfizer, afecta a todas las basadas en ARNm, como la de Moderna.

Sea como fuere, aunque hay que mantenerse prudentes, es imposible no sentir un hilo de esperanza ante una vacuna (sea finalmente la vacuna de Pfizer o la de otro de los proyectos) que cada día parece estar más cerca. Todavía nos quedan meses (puede que muchos) hasta que podamos recuperar una cierta normalidad, pero cualquier cosa que nos acerque un poco más a ese momento, cualquiera, es algo por lo que sonreír.

 

Con información de Arstechnica