noviembre 9, 2020
Una mujer pasa frente a la sede de Pfizer en Nueva York.
Una mujer pasa frente a la sede de Pfizer en Nueva York.Bebeto Matthews / AP

Cautela, mucha cautela, y verbos perennemente conjugados en condicional. Pero también una potente inyección —nunca mejor dicho— de optimismo en tiempos de sequía total de buenas noticias. A diferencia de otras crisis —como la financiera de la década pasada, que en el sur de Europa mutó en hidra de siete cabezas—, el final de la sacudida económica del coronavirus llegará cuando se pueda arrancar de cuajo el problema sanitario que está en su origen. Y ese día, tras el anuncio de Pfizer, parece más cercano por primera vez en 10 meses, desde que se sintió la primera ola expansiva de la covid-19.

La vacuna, cuando llegue, será el gran hito de la pandemia. El que empezará a poner punto final a la mayor recesión global contemporánea: con la economía funcionando a medio gas desde hace meses, la inmunización supondrá retirar la gran barrera que impide al crecimiento despegar. Así lo ven la mayoría de la decena de economistas consultados por EL PAÍS, que valoran el avance de la farmacéutica estadounidense como una muy buena noticia siempre sujeta a las reservas a que obliga cualquier avance médico aún en fase de pruebas.

2020 ya se puede dar por perdido, y ninguna solución médica taponará la sangría, pero el rumbo de 2021 y 2022 puede cambiar en gran medida si se confirma en las próximas semanas lo avanzado el lunes por la farmacéutica estadounidense Pfizer. “Cuando la vacuna esté realmente disponible, eso acabará con la pandemia”, sintetiza el director del think tank bruselense Bruegel, Guntram Wolff. “Aún estamos lejos de eso, pero cuando llegue ese día nuestras economías podrán finalmente recuperarse: el anuncio es, ciertamente, una muy buena noticia”. Una nueva que llega, además, “algo antes de lo esperado por los mercados financieros: es, sin lugar a dudas, un factor para revisar al alza nuestras previsiones de PIB en tanto que los Gobiernos podrán aliviar las medidas de distanciamiento social más rápido de lo que creíamos”, añade Sylvain Broyer, economista jefe para Europa de la agencia de calificación de riesgos S&P. “Habrá un boom de consumo e inversión”, atisba Ugo Panizza, profesor del Graduate Institute. “Pero tomará tiempo regresar al punto de partida: ni mucho menos será inmediato”.

La mayoría de las proyecciones económicas de casas de análisis, consultoras, bancos y demás actores del mercado ya contemplaban la llegada de una vacuna —o, en su defecto, de un fármaco eficaz contra los síntomas más graves— para la segunda mitad de 2021, por lo que cualquier potencial adelanto sobre ese calendario —está por ver— es caviar para los oídos. “Sin duda, el gran avance de Pfizer es la efectividad: un 90% es mucho, mucho más de lo que esperábamos”, apunta por teléfono Neil Shearing, jefe de análisis de Capital Economics: a mayor eficacia, mayor inmunidad y, por tanto, también un regreso más ágil a la actividad.

″Si se consiguiera empezar a vacunar pronto, ahí sí cambiarían mucho nuestras previsiones, con una recuperación mucho más rápida en los primeros meses de 2021″, apunta Ángel Talavera, responsable para Europa de Oxford Economics. “Y cuanto más dura una crisis, mayor es el riesgo de daño permanente a la economía y de que derive en algo peor: si la situación se alargase, sería mucho más difícil mantener las políticas de apoyo —ERTE, avales…— que precisamente buscan hacer de puente hasta que haya solución médica”.

“Es un ancla en un momento de incertidumbre radical, y esto es buenísimo: por primera vez en casi un año tenemos un escenario en el que podremos empezar a comportarnos de nuevo de manera racional”, apunta José Juan Ruiz, ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarollo (BID). “Cambiará totalmente el juego”, agrega Xosé Carlos Arias, catedrático de Política Económica de la Universidad de Vigo. Y lo hará para todos, tanto en lo epidemiológico como en la siempre más prosaica rama económica: “La salida será igual de incierta que la entrada a la crisis: son aguas desconocidas, pero mi percepción es que puede ser más rápida y más intensa de lo que pensamos”.

Con todo, también como siempre, las alegrías irán por barrios: no todos los países ni todas las industrias se beneficiarían por igual. En clave geográfica, los países más dependientes del turismo —España, Italia, Portugal y Grecia en la UE; el Caribe en América— verían prácticamente despejado un horizonte que ahora luce muy muy negro. Y en clave sectorial, además del transporte y la hostelería —de largo los más golpeados—, el comercio y el sector inmobiliario —en especial, los propietarios de oficinas— serían los más favorecidos.

Hay, sin embargo, algunos peros que conviene no pasar por alto. Primero, que llevar físicamente las dosis necesarias para lograr la inmunidad a todos los rincones del planeta —si algo ha demostrado la covid es que, en una economía globalizada, el virus llega a los lugares más recónditos en tiempo récord— no será tarea fácil en una vacuna que debe ser transportada a 70 grados bajo cero. Segundo, que, como recuerda Barry Eichengreen, uno de los mejores historiadores económicos de nuestros días, el porcentaje de población que está dispuesta a aplicarse las dosis necesarias para quedar inmunizada no es precisamente alto: del 60% en EE UU, con solo un 25% que dice que se aplicaría la primera solución que vea la luz. Esas cifras le llevan a pensar que, haya o no vacuna pronto, la covid-19 seguirá lastrando la economía durante tiempo.

Y tercero, aunque no menos importante, que incluso superados los obstáculos logísticos y de persuasión a la ciudadanía, el regreso a la vida de la economía no será cómo pulsar el interruptor y encender la luz: ni siquiera una solución efectiva evitará cicatrices persistentes. “El sentimiento sobre la inversión sí cambiará rápido, pero todo lo demás tardará en volver”, apostilla Alicia García Herrero, jefa de análisis del banco francés Natixis para Asia-Pacífico. “Los efectos de la incertidumbre seguirán: ahorraremos más y habrá consecuencias duraderas. El mundo no va a ser el mismo y esto no acaba con una vacuna: quien piensa eso no ha entendido lo que está pasando”.