septiembre 28, 2020

Más de 50 personas buscan con desesperación a Raúl B., un supuesto profesor de trading que con unas tretas basadas en sus conocimientos de inversión y un aparente lujoso tren de vida les engatusó para que les confiaran 2,15 millones de euros para invertir. A cambio les ofrecía rentabilidades de entre el 4% y el 5,5% en lo que se presuponían acciones de alto riesgo. En agosto desapareció y los afectados han decidido llevarlo ante los tribunales, aunque la dificultad ahora es conocer su paradero: el 13 de julio tomó un avión hacia Fráncfort con su pareja, que también participaba en la estafa, y ahí se le ha perdido la pista.

El epicentro de la estafa es el número 263 de la avenida Diagonal. Allí Raúl B. ofrecía clases de inversión en un coworking a través de BCN Trading Academy, la sociedad que regentaba junto a dos personas, entre ellas su pareja, según ha avanzado hoy La Vanguardia. Su capacidad de convicción y la demostración de capacidad económica a través de viajes, ropa y sobre todo vehículos –tres deportivos entre sus vehículos: un Maserati, un Ferrari y un Nissan GTR– ventilados a través de las redes sociales, cuantas que ahora están cerradas, ayudaba a convencer a sus alumnos que sus inversiones serían rentables. Y la capacidad del boca oreja de los alumnos permitió ampliar el círculo de inversión.

Todo iba como la seda. Los clientes aportaban sus recursos y los intereses llegaban cada tres meses, plazo que se había fijado para la asignación de las ganancias. En ese momento se abría un dilema: poner fin a la inversión especulativa o continuar a la búsqueda de ganancias por encima del tipo de interés del mercado. Raúl B. vestía sus buenos resultados con unas tablas trimestrales en las que detallaba sus inversiones, y los resultados, a través de la plataforma FXCM.

Pero con el año nuevo de 2020 las cosas empezaron a torcerse. Empezaron las excusas de pago, que se dilataron hasta los seis meses. Y la información empezó a ser cada vez más somera. Hasta que en verano el supuesto inversor se esfumó y no ha habido forma de encontrar el dinero perdido. Según consta la denuncia presentada por el abogado José María Fuster Fabra ante el juzgado, incluso el propietario del coworking donde empezó sus desventuras Raúl B. ha padecido la estafa: el alquiler del espacio, valorado en unos 12.000 euros, iba con una contra factura de servicios: las clases de trading que no se habrían efectuado.

La denuncia apunta al trader como “el cabecilla de una organización criminal” del que, al parecer, los Mossos d’Esquadra no tienen más constancia que una multa de tráfico. Las víctimas sospechan que su actual paradero se encuentra en México y con una identidad falsa.