Aviones de TUI aparcados en el aeropuerto de Manchester.
Aviones de TUI aparcados en el aeropuerto de Manchester.OLI SCARFF / AFP

«TUI está preparada para una pronta reanudación de las actividades de viajes en Alemania y Europa. Casi dos meses después de que casi todas nuestras unidades de negocio cerraran debido a las prohibiciones de viajes en todo el mundo, el grupo está preparado para reanudar sus operaciones”. Con estas optimistas palabras comienza el turoperador alemán TUI, el mayor del mundo, un comunicado en el que admite que el coronavirus, “la mayor crisis que ha afrontado nunca el turismo mundial y TUI”, como la define en su memoria semestral, ha arruinado el buen comienzo del año y que, para adaptarse al desplome turístico, tendrá que recortar un 30% sus gastos, lo que implica prescindir de 8.000 empleados en todo el mundo, un 15% de su plantilla, compuesta por 53.525 trabajadores a 31 de marzo.

Al declararse la pandemia, TUI logró un crédito de 1.800 millones del banco estatal alemán KfW, que se sumó a la línea de crédito de la banca por 1.750 millones que ya tenía asegurada. Esos fondos le han permitido hacer frente al parón casi total de la actividad desde mediados de marzo. Sin embargo, “esos créditos tienen que ser devueltos en un corto periodo de tiempo y hay que reducir la deuda rápidamente”, asegura la empresa. Por tanto, el gigante turístico alemán va a proceder a un “amplio” programa de recorte de gastos.

“El objetivo es reducir permanentemente nuestra base de gastos un 30% en el grupo. Esto tendrá un impacto en unos 8.000 empleos a nivel global que o bien no se contratarán o serán suprimidos. Para volver al desempeño exitoso de los últimos años después de la crisis, debemos implementar el reajuste rápidamente”, afirma en el comunicado Fritz Joussen, consejero delegado del grupo turístico alemán.

Las cifras aprietan. En el primer semestre de su ejercicio fiscal (1 de octubre a 31 de marzo), la empresa facturó 6.638,7 millones de euros, un 0,6% menos que en el mismo periodo del año pasado. La caída es pequeña, pero si se atiende solo al segundo trimestre, entre enero y marzo, el desplome de los ingresos es del 10%, hasta 2.787,9 millones, y eso que el efecto de la pandemia se dejó notar especialmente solo en la segunda mitad de marzo. Es decir, registra solo una pequeña parte del parón turístico que se produjo en todo el mundo desde entonces. De hecho, el grupo señala que la pandemia echó por tierra el “excelente arranque” de los primeros cinco meses del periodo, cuando había registrado un aumento del 6% de los ingresos y del 21% del resultado operativo, aunque aún se mantenía en negativo. Señala que el mes de enero, cuando se produce el arranque del programa de verano, había sido el mejor de la historia de la compañía en reservas.

Sin embargo, la llegada de la covid-19 arruinó esas cifras. En la mitad del ejercicio, las pérdidas se fueron a 845,8 millones de euros, frente a los 289,1 del mismo periodo del año anterior. El deterioro se debió fundamentalmente al segundo trimestre, cuando se registraron pérdidas por 740,5 millones. “Por primera vez en nuestra historia, todo nuestro programa tuvo que ser suspendido y, junto con otras muchas compañías del sector, se pidió ayuda de estado”, el crédito de 1.800 millones a la entidad KfW, avalado por el Gobierno alemán.

De cara a la segunda parte del año, la empresa es un poco más optimista. Subraya que el sector turístico es “resiliente” y ha superado otras crisis. Espera TUI “que los viajes serán distintos en lo que queda de año, pero creemos firmemente que nuestros clientes siguen queriendo irse de vacaciones (…) tan pronto como el turismo pueda despegar de forma responsable y segura”. Ante esa ansia vacacional, TUI se dice “bien posicionado” para beneficiarse de la recuperación. No obstante, de cara a este año los ahorros de costes “solo compensarán en parte los efectos negativos» de la pandemia, por lo que espera que los ingresos y el resultado “se reduzcan significativamente” respecto al año pasado.

Así, tendrá que acometer una reestructuración forzosa para hacer frente a un panorama turístico “debilitado”. De ahí el programa de ahorro de costes, con desinversiones aún por decidir, así como un acelerado proceso de digitalización. El objetivo, dice el grupo es que “la TUI del futuro sea más ligera, menos intensiva en capital y más digital, creando una empresa más fuerte y más ágil”.

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