El paro juvenil ha escalado en España del 32% hasta el 43,9% del pasado agosto, según Eurostat.
El paro juvenil ha escalado en España del 32% hasta el 43,9% del pasado agosto, según Eurostat.

Cada crisis deja sus propias cicatrices. En esta ocasión, la pandemia de la covid-19 se ensaña especialmente con los jóvenes, cuyas condiciones de subsistencia son cada vez más invivibles. El deterioro del empleo y las dificultades de acceso a la vivienda producen una mezcla explosiva. Recientes análisis alertan de la amenaza que pende sobre las nuevas generaciones, cuya emancipación es cada vez más difícil. La recuperación económica será insostenible en los países que han decidido prescindir de los jóvenes.

Una resolución del Parlamento Europeo censuró la semana pasada la decisión del Consejo Europeo del pasado 21 de julio que acordó reducir del 15% al 10% los recursos del Fondo Social Europeo destinados a planes de garantía juvenil. Una realidad “contradictoria con la ambición de la Unión Europea de invertir en la juventud”, advierten los eurodiputados.

La resolución reconoce que la garantía juvenil, aprobada en 2013, que tenía como fin proporcionar una oferta de buena calidad a todos los ninis —jóvenes que no estudian ni trabajan ni se forman— ha ayudado a 24 millones de jóvenes. Pero alerta sobre los riesgos laborales que padecen los jóvenes: “Uso abusivo de los contratos atípicos”, “dumping salarial”, “institucionalizar el trabajo precario”, “salarios extremadamente bajos” y la “inseguridad laboral”. El texto “condena la práctica de no remunerar los periodos de prácticas y de formación de aprendices, lo que constituye una forma de explotación del trabajo de los jóvenes y una violación de sus derechos”.

El deterioro del empleo juvenil se ha acelerado peligrosamente en España. En los últimos seis meses ha escalado desde el 32% hasta el 43,9% del pasado agosto, según Eurostat. El paro de los menores de 25 años es muy superior al de Alemania (5,9%), Francia, (19,9%), Holanda, (11,1%) o Italia, 32,1%. España prepara costosamente muy bien a los jóvenes que Alemania recibe con los brazos abiertos. Esta brecha determinará nuevas desigualdades en Europa.

La precariedad laboral de los jóvenes se ha venido agravando en los últimos años por las dificultades de acceso a la vivienda. Un documentado estudio del Observatori Desc y el Consell Nacional de la Joventut de Catalunya, Joves llogateres i dret a l’habitatge, constata cómo se ha deteriorado la emancipación de jóvenes de 16 a 29 años entre 2008 y 2019. La proporción de jóvenes que se pueden emancipar se ha reducido del 33% al 24%. El deterioro de las condiciones laborales ha coincidido con el aumento del precio del alquiler de las viviendas, un 42,7% en Barcelona, desde 2013. “La consecuencia directa”, señala el estudio, “es que los jóvenes dedican una media del 120% de su salario a pagar el alquiler, cuando las recomendaciones son del 30%, incluyendo los suministros”. Estas situaciones son comparables a las existentes en otras comunidades.

Las estadísticas no lo cuentan todo, ni mucho menos. Tanto en el trabajo como en la vivienda los abusos y la desprotección caracterizan las condiciones de vida de los jóvenes. Es frustrante que el futuro vuelva a pasar por escapar del país.