noviembre 4, 2020

La presente crisis política del Perú plantea problemas que no solo tienen que ver con temas como un presidente que resbala, pero no cae, la cruel pandemia del Covid-19, la economía semihundida del país, la inseguridad, la pésima gestión electoral y de representación.

Su origen (el de la crisis) está en cambios sustanciales que el Perú ha vivido desde 1993, cuando la actual Constitución fuera aprobada. Por eso, creo yo, el país está dividido frente al Estado y sus instituciones, en las que los peruanos han perdido la fe.

Entre los cambios sustanciales que la sociedad ha sufrido está el crecimiento de actividades extractivas con mercado internacional y la casi desaparición de la industria nacional. Se ha impuesto un modelo económico ultra mercantilista, que concentra el desarrollo económico, vinculado al mercado global, en un grupo pequeño de empresas, 440 de las cuales son chilenas, más de 100 son chinas y las más grandes son de capitales internacionales.

No habría ningún problema con la nacionalidad de las empresas si no fuera que es imposible un desarrollo de los capitalistas peruanos con un esquema semejante de desnacionalización de la producción. No tienen ninguna ventaja ser peruanos.

No hay excusas, el rol del Estado ha sido reducido a nada, y el resultado es un abuso al peor estilo del capitalismo casino, que anula todo atisbo de identidad con el interés ciudadano y nacional.

Del estudio del rol de la informalidad en el mercado peruano pueden surgir grandes y positivas preguntas que contradicen uno de los supuestos dogmáticos del ultra capitalismo como generador de mayor empleo. En este país los negocios informales generan 76% de los puestos de trabajo. Más de 80% con la pandemia.

Es así que el país reúne enorme cantidad de unidades productivas no formales, que congregan millones de trabajadores, todas ellas satanizadas y perseguidas por un sistema que las discrimina y no las integra a la economía. El enorme contingente humano de la informalidad no tiene lugar para cambiar con el estado creado por la Constitución del 93.

Parte del boche peruano es la Constitución, habrá que mirar cómo se cambia. Pero decir que esa es la principal tarea del gobierno 2021 es olvidarse que los procesos constituyentes culminan los producidos en la sociedad. Y, por lo visto, los candidatos actuales no saben cuáles son las reformas prioritarias, aquí el huevo (el debate social y político) debe ir antes que la gallina constituyente.