En esta primavera los contagios y decesos están en constante disminución, como el número de hospitalizados y camas en las Unidades de Cuidados Intensivos. Sin embargo, este sería la calma antes de la tempestad. Los contagios comienzan a dispararse en distritos que, hasta ahora, habían mantenido un bajo nivel. Allí, los malecones y plazas se pueblan como antes de la cuarentena. Las llamadas fiestas “Covid” son frecuentes, sin que la inmovilización social o las multas tengan efecto disuasivo.

También, mientras más nos acercamos al verano, las playas van a poblarse más y más. Esta fue la razón que causó el rebrote de contagios en España y consecuente confinamiento. Otro riesgo es la campaña navideña, la cual convierte los mercados en hervideros de gente que se topetea en busca del regalo. Si estas situaciones de riesgo se confirman, una vez más, no tendremos suficiente infraestructura y personal médico para asegurar la primera línea de defensa. Esto nos lleva a ver que las directivas no han sido efectivas. ¿Y de qué depende que funcionen?

Primero, el ciudadano debe recibir un mensaje claro y comprensible de las autoridades. Con respecto a la letalidad del virus, por ejemplo, el ciudadano parece no haber asimilado ni sus causas ni consecuencias, pese a los más de 33 mil decesos. Segundo, el ciudadano debe reconocer la veracidad de las directivas para poder seguirlas. Para esto, el nivel de desobediencia siendo alto, el mensaje no debe llegar debilitado al receptor, lo cual haría aleatorio su seguimiento.

Tercero, se debe analizar qué comportamientos adopta el ciudadano frente a la pandemia y por qué, pese a las recomendaciones, sigue sus propias reglas. Cuarto, en casos de crisis lo mejor es comunicar con la verdad y sin titubeos. No hacerlo implica instalar al ciudadano en una falsa zona de confort. Winston Churchill fue muy claro y prometió sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor antes de entrar en la Segunda Guerra Mundial. Esto le permitió tener el apoyo de todo el pueblo inglés y ganar la guerra.

Quinto, las directivas no deben variar sin explicación de las razones del cambio. Y en esto, las autoridades han tenido discursos diferentes, siguiendo criterios más políticos y económicos que sanitarios.

Sexto, monitorear el impacto de las directivas para que las directivas se adapten mejor a la realidad, evitando las acciones particulares.

Porque la primera pandemia que debemos combatir es la desinformación, debemos recordar que comunicar no es lo que las autoridades dicen. Es lo que los ciudadanos entienden.