noviembre 8, 2020
Sede de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en Madrid.
Sede de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en Madrid.VICTOR SAINZ / EL PAÍS

Los bajos tipos de interés oficiales empujan a los inversores desde hace años a la renta variable (acciones). Sin embargo, para aquellos que buscaban diversificación en sus carteras, los bonos corporativos venían siendo una buena alternativa a la deuda pública, cuya rentabilidad es muy baja o incluso negativa en el caso de las economías más fuertes. La inversión en renta fija privada depende mucho de la solvencia de la compañía emisora, cualidad que se refleja en su calidad crediticia. Aquellas empresas con balances saneados y flujos de caja recurrentes gozan de un mejor rating, lo que se traduce en réditos más bajos para el inversor, pero más seguros. En cambio, notas más bajas son sinónimo de mayor riesgo de impago, por lo que las empresas deben ofrecer más rentabilidad para que les compren sus bonos.

La crisis del coronavirus originada a principios de este año ha deteriorado de forma abrupta el desarrollo de la actividad económica y, en consecuencia, de muchas empresas y sectores. Existen múltiples medidas de soporte adoptadas por los Gobiernos y bancos centrales que tratan de mitigar los problemas de liquidez y de solvencia de las compañías derivados de esta. Sin embargo, la magnitud del deterioro económico ha suscitado ciertas dudas en torno a la evolución de la solvencia de las compañías más afectadas por la crisis y, por tanto, de su riesgo de crédito.

En este contexto, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) acaba de publicar en su último boletín trimestral un estudio que lleva por título Evolución de las calificaciones crediticias de los activos de la deuda española desde el inicio de la crisis de la covid-19. En este trabajo, estudia las calificaciones crediticias de los activos de deuda españoles al principio de la crisis y su evolución durante los meses posteriores, con el fin de conocer si se está produciendo un deterioro relevante. El análisis se complementa con la evolución de las calificaciones de emisores privados de una muestra de países europeos.

María Isabel Cambón y Juan Ángel Gordillo, técnicos de la ­CNMV y autores del estudio, explican que una proporción mayoritaria de los activos de deuda españoles tienen una calidad crediticia alta (incluso excluyendo las emisiones de las Administraciones públicas), al tener la consideración de grado de inversión (investment grade). En promedio, un 96,6% del saldo vivo de estos activos pertenece a este grupo, habiendo experimentado esta proporción pocos cambios en los últimos meses. “Sin embargo, suscita una cierta preocupación el aumento del importe y de la importancia relativa de la deuda con calificación BBB, que es el nivel más bajo dentro del grupo investment grade y previo al grupo de activos high yield [también conocidos en la jerga bursátil como bonos basura], que se considera de alto riesgo”, advierten. El saldo vivo de estos instrumentos se incrementó desde los 149.000 millones en marzo hasta los 165.000 millones en junio.

Aumento de activos

Además, el importe de los activos con calificación BBB pasó de 55.000 millones a 79.000 millones de euros en este periodo. El aumento del saldo vivo de los activos BBB se ha producido por las rebajas de las calificaciones de emisores que pertenecen a todos los sectores analizados (público, financiero y no financiero), y no se ha observado un proceso de revisión generalizado entre las compañías de un determinado sector. “Únicamente se percibe, dentro del sector no financiero, que las relativamente pocas rebajas en las calificaciones crediticias tienden a concentrarse en compañías vinculadas al transporte y el turismo, sectores especialmente afectados por la crisis”, aseguran.

Aunque autoridades, Gobiernos y bancos centrales a escala internacional están adoptando diferentes medidas monetarias y fiscales para reducir estos problemas de liquidez y de solvencia, “lo cierto es que la severidad de la situación económica está haciendo que muchas compañías atraviesen dificultades y algunas de ellas muestren un aumento objetivo de su riesgo de impago”, dicen los autores del informe. “Se aprecia el inicio de una tendencia, que por el momento no supone todavía un riesgo relevante, pero que de mantenerse en el tiempo puede tener una repercusión importante en la economía”, concluyen.