La fusión encarrilada por CaixaBank y Bankia y la que ayer admitieron oficialmente que preparan el BBVA y el Sabadell dejarán un mercado más concentrado y con menos competencia financiera en España. Cataluña será, con diferencia, la comunidad que más sufrirá esa situación: las cuatro entidades que participan en ambos procesos controlaban a finales de 2019 en torno al 77% de la red de sucursales bancarias existentes en la región, 2.421 oficinas de un conjunto de 3.138.

Es más que probable que los dos nuevos superbancos, los nuevos CaixaBank y BBVA, suelten lastre con reducción de red comercial y recortes de plantilla una vez ejecuten sus respectivas fusiones. Sus situaciones de partida, en todo caso, son las de un casi control en lo que se refiere a cuota de mercado por número de oficinas en las comarcas catalanas. Y se explica porque las cuatro entidades implicadas, además de su propio arraigo en Cataluña, integraron a partir de la pasada crisis financiera las nueve cajas de ahorro —La Caixa siempre fue un caso aparte por su dimensión— que históricamente habían dado la capilaridad territorial que no interesaba a los grandes. El BBVA se comió las cajas de Catalunya, Manlleu, Manresa, Sabadell, Tarragona y Terrassa; mientras que Bankia integró las de Penedès y Laietana y CaixaBank hizo lo propio con la de Girona.

Con las estadísticas del año pasado de la Asociación Española de Banca y de la Confederación Española de Cajas de Ahorro en la mano, sería la nueva BBVA-Sabadell la que lideraría el mercado catalán con 1.232 sucursales, con un gran solapamiento en la provincia de Barcelona (894 oficinas). CaixaBank y Bankia acumulan 1.189 sucursales, pero con mayor distribución por el territorio (en Barcelona serían 795). La distancia con el Santander, que tiene 434 oficinas, continúa agrandándose.

Repercusión a los clientes

La cuestión es si ese control puede acabar teniendo repercusiones sobre la clientela de un territorio específico, ya sea en forma de público cautivo —por la dificultad de encontrar alternativas—, o por comisiones más altas aprovechando ese predominio en el mercado. Anton Gasol, decano del Colegio de Economistas de Cataluña, duda de que se pueda dar ninguno de esos dos casos en el ámbito de la comunidad autónoma. En el caso de falta de competencia considera que nos encontramos en el mejor momento para que eso no ocurra. “La oficina presencial tiene corta vida, ya. La proximidad aporta algo, pero nos encontramos en un momento de transición generacional y la digitalización y las fintechs echarán por tierra la actual situación”, dice convencido.

“Es cierto que el mercado se reduce y puede ser más fácil pactar precios y comisiones, pero la presencia física ya no es tan necesaria como antes”, indica la profesora de Economía y Empresa de la UOC Elisabet Ruiz-Dotras, que considera que el sector bancario continúa siendo muy tradicional y no ha acabado de transformarse como han hecho otros sectores.

Gasol, en todo caso, explica el alto nivel de concentración bancaria al que se ha dirigido España en los últimos años: “No llegamos a un nivel de oligopolio, pero el grado de concentración ha sido más intenso y veloz que en el resto del mundo”. Es decir, que los resultados y los efectos de ese camino aún están por ver.