Paradójicamente, una de las pocas certezas que tenemos sobre la actual crisis es el alto grado de incertidumbre que existirá en los mercados hasta que se encuentre una vacuna o un tratamiento efectivo contra la covid-19. La incertidumbre no es algo nuevo para los primeros ejecutivos: sus decisiones siempre han estado orientadas a reducir su impacto, generando confianza en clientes, inversores y comunidades. Sin embargo, el aspecto humano de la actual crisis, en la que los ciudadanos tienen que hacer frente al temor a contraer la enfermedad o que lo hagan sus familiares o amigos; a restricciones de movimiento, que limitan las relaciones; y cómo no, a los efectos de la pandemia sobre el empleo y la economía, hace que la incertidumbre con la que tendremos que convivir en los próximos meses sea exponencial.

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