noviembre 3, 2020
El presidente de CEOE, Antonio Garamendi (izquierda), y su homólogo del Instituto de la Empresa Familiar, Marc Puig, el 26 de octubre en Madrid.
El presidente de CEOE, Antonio Garamendi (izquierda), y su homólogo del Instituto de la Empresa Familiar, Marc Puig, el 26 de octubre en Madrid.Ballesteros / Europa Press

Las grandes empresas rechazan un nuevo confinamiento domiciliario prácticamente de forma unánime. Todas los ejecutivos consultados, una veintena, que en su mayoría prefieren guarecerse en el anonimato para dar su opinión, expresan su respeto a las medidas sanitarias, pero destacan los perjuicios que tendría otra vuelta de tuerca en las restricciones. Piden mayor coordinación del Gobierno con las comunidades y consenso político. En esa línea se manifiesta la CEOE, cuyo presidente, Antonio Garamendi, declara a EL PAÍS que el confinamiento “sería un desastre para la economía, las empresas y el empleo”.

“Un nuevo confinamiento implicaría que fallezcan muchas pymes, que no pueden resistir como las grandes, lo que llevaría a adoptar medidas excepcionales y urgentísimas”, asegura Garamendi. El líder patronal no anda con tapujos. “Cuando llegó la primera ola, las empresas estaban mejor situadas, pero con la segunda ya llevan meses sufriendo las consecuencias de la pandemia, con sectores, como el turismo, el comercio y la hostelería, que han quedado absolutamente arrasados por decisiones administrativas”, declara a EL PAÍS. No obstante, adelanta que la CEOE elabora un plan de apoyo para las decisiones que se adopten. En parecidos términos se manifiesta el presidente de la Cámara de España y de Freixenet, José Luis Bonet, para quien, además, “hay que buscar un equilibrio entre el control riguroso de las medidas de protección a la salud y el acompañamiento al tejido empresarial”.

Pero más allá de los líderes empresariales, acostumbrados a salir a la palestra, las dos decenas de primeros ejecutivos de grandes empresas consultados prefieren mantenerse en retaguardia. Desde el punto de vista científico-sanitario hay opiniones para todos los gustos, que piden controlar la pandemia aumentando los test y los rastreos y el número de camas en las UCI. Lo esencial es la conciencia ciudadana, la reducción de aforos y la limitación de las reuniones sociales. Pero desde el económico todos coinciden en que hay que preservar la actividad, manteniendo los ERTE y prorrogando los créditos ICO o dándoles una moratoria porque muchas pymes no van a poder pagar.

El Gobierno parece decidido a apurar todas las posibilidades antes de recurrir a un nuevo confinamiento. La ministra María Jesús Montero pidió ayer a las comunidades que adopten medidas contundentes contra la pandemia pero eludiendo por ahora los “confinamientos superiores”. Todo esto ocurre mientras los vecinos europeos toman medidas más drásticas: Inglaterra y Francia han decretado un confinamiento más laxo que el de primavera y Alemania ha cerrado todo el ocio.

Pero los empresarios españoles no desean ir tan lejos. “El salto en el vacío de todos para casa es demasiado brutal”, comenta un ejecutivo que recuerda que en “las oficinas no se están produciendo contagios porque se han tomado las medidas oportunas”. Otro consultado cree que “la dicotomía salud-economía es una falacia como vimos ya en el anterior confinamiento” y destaca que hay que parar el ocio al menos un mes.

“El confinamiento es lo fácil para un político. Pero ahora estoy de acuerdo con el ministro Illa y soy totalmente contrario; hay que tener serenidad y esperar el resultado de las medidas adoptadas”, afirma el presidente de un grupo multinacional. “Hay que volcarse a hacer test, test y test”, añade.

Tanto este empresario como la mayor parte de los consultados se muestra resignado a aceptar algunas medidas inevitables como el cierre o la restricción de la hostelería. No obstante, alguno recuerda que esa medida debería ir acompañada con la concesión de ayudas directas, como ha hecho Alemania.

“Es menos impacto que cerrar todo y mandar a todo el mundo a casa”, incide otro. Para otro ejecutivo “no hay una respuesta única, depende de cada territorio”. “Cuantos menos confinamientos se hagan, mejor. No se pueden cerrar ni la industria ni las escuelas, porque eso supone que los padres tengan que estar en casa con sus hijos y que no funcione la economía. Sería una verdadera catástrofe. Otra cosa es que se reduzca el ocio y la movilidad”, apunta un banquero, que aboga por “ir conviviendo con el virus, tomando medidas, poniendo en marcha métodos de detección. Si antes se hizo mal la desescalada y la falta de coordinación con las comunidades, hágase bien ahora”.

“No tiene sentido que nos quieran ideologizar, estamos muy cansados y somos muy mayores para ello; por favor que se pongan de acuerdo, porque es lamentable el circo que se suele montar cuando debieran ponerse de acuerdo”, machaca otro.

“No creemos que un confinamiento sea una buena medida. Hemos visto el resultado del confinamiento de marzo y su efecto casi nulo. Creemos que antes de aplicarlo deben agotarse todas las soluciones posibles para evitar la paralización en seco de la economía. Medidas como control de horarios de sectores determinados, autorizaciones de movimientos con cierres parciales de barrios o ciudades o aislamiento en centros de trabajo para evitar que trabajadores sin relación laboral diaria puedan relacionarse físicamente”, señala el representante de un grupo energético.