noviembre 4, 2020
Un panel de la Bolsa de Tokio, la pasada madrugada.
Un panel de la Bolsa de Tokio, la pasada madrugada.PHILIP FONG / AFP

Lío a la vista. Si algo no querían los inversores era incertidumbre sobre el resultado de las elecciones estadounidenses, y a primera hora de la mañana del miércoles solo hay una cosa clara: tendrán dos tazas. Sin embargo, a pesar de que Estados Unidos se acostará en la madrugada del martes al miércoles sin conocer el nombre de su próximo presidente, las Bolsas europeas amanecen este miércoles solo tímidamente en rojo. Los futuros de los parqués del gigante norteamericano apuntan, por su parte, a una apertura mixta: tras proyectar números verdes durante buena parte de la madrugada, ahora solo el tecnológico Nasdaq —mucho más ajeno a los vaivenes políticos— es el único que se prepara para abrir claramente al alza; tanto el S&P500 y el industrial Dow Jones apuntan a caídas.

Tanto el Ibex 35 español como el Eurostoxx, el índice que reúne a los 50 mayores valores del Viejo Continente, se dejan más de dos puntos en la apertura. El resto de la tabla bursátil se tiñe también de rojo: Londres, París, Fráncfort y Milán no escapan de las pérdidas. En el mercado de divisas, el dólar se fortalece en el cruce frente al resto de principales monedas —especialmente las emergentes, sobre las que pesa la posibilidad de un recrudecimiento de las tensiones comerciales si finalmente Donald Trump sale victorioso: las miradas se posan de nuevo sobre China— y el bono estadounidense a 10 años gana valor como único refugio posible.

La jornada electoral en EE UU nunca defrauda. Se esperaba una victoria holgada del demócrata Joe Biden, con su partido haciéndose también cómodamente con el Senado. Ese cóctel auguraba una rápida aprobación de un nuevo plan de estímulo fiscal para apuntalar la salida del hoyo de la pandemia. Pero no será así: hasta que no se conozcan con certeza los resultados de un puñado de Estados clave (Michigan, Wisconsin, Georgia y, sobre todo, Pensilvania) el nombre del hombre más poderoso del mundo durante los cuatro próximos años seguirá en el aire. También la mayoría en la Cámara Alta: todo está en el aire.

Contra todo pronóstico, Donald Trump aún mantiene prácticamente intactas sus opciones de permanecer en la Casa Blanca, un extremo no entraba en la hoja de ruta de prácticamente nadie hace solo 24 horas. Sin pruebas, el magnate republicano se ha aprestado a acusar a su contrincante de tratar de “robar” la elección en un “enorme fraude” y se ha autoproclamado ganador. La agencia AP, auténtico árbitro de los comicios, ha remarcado algo obvio: hasta que alguno de los dos candidatos no logre al menos 270 votos electorales, el nombre del próximo presidente seguirá en el aire. Y todavía quedan muchos votos por contar en condados que pueden decantar la balanza. Pero el daño ya estaba hecho: poco después de escuchar las declaraciones del mandatario, la brújula de la renta variable ha terminado de decantarse por el rojo.

El escenario de dos candidatos cantando victoria, el peor en el siempre difuso imaginario colectivo de los mercados en las últimas jornadas, está más cerca que nunca. “Los mercados estaban preparados para asumir la victoria de cualquiera de los dos, pero la incertidumbre asociada a unas elecciones tan disputadas es lo que los inversores más temían”, reconocía a primera hora de la madrugada —hora estadounidense— el economista jefe de la gestora de activos PGIM, Nathan Sheets, en declaraciones a Bloomberg. “Es altamente probable que no tengamos claridad sobre el resultado durante días o semanas”, se lamenta Charlie McElligott, del banco japonés Nomura. “La volatilidad”, zanja Ian Lyngen, de BMO Capital Markets, “persistirá hasta que la situación se clarifique”.

Impera entre los inversores y analistas una potente sensación generalizada de dèja vu del año 2000, cuando el republicano George W. Bush se impuso al demócrata Al Gore en un final ajustadísimo que acabó en los tribunales. Y, a diferencia de entonces, la confianza en las instituciones —también las judiciales— es notablemente menor: el mundo ha cambiado mucho en solo 20 años. Durante días —siendo optimistas—, el futuro político de la primera potencia mundial quedará rodeado por una nube de duda en un momento ya de por sí marcado por la falta de certezas y con la pandemia haciendo estragos a ambas orillas del Atlántico. Justo lo que el mundo del dinero quería evitar.