noviembre 11, 2020
Christine Lagarde, presidenta del BCE, en una cumbre europea celebrada en Bruselas.
Christine Lagarde, presidenta del BCE, en una cumbre europea celebrada en Bruselas.ALAIN JOCARD / AFP

Esta crisis no es como ninguna otra del pasado. Y la excepcionalidad del tiempo que vivimos obliga a los responsables políticos y económicos a dar pasos excepcionales. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, es muy consciente de que la eurozona camina por territorio desconocido. Por tanto, el organismo que ella encabeza (al igual que los Gobiernos) ha de mantener, o incluso ampliar, los estímulos hasta ahora desplegados. Todo el tiempo que sea necesario. Y eso puedo suponer mucho, mucho tiempo. ¿El objetivo? Que la segunda ola de la pandemia no tenga un efecto destructor sobre la economía incluso mayor que la primera.

Si todo fuera normal, Lagarde habría estado este miércoles en Sintra, donde habría inaugurado el tradicional foro del BCE sobre los retos de la política monetaria. Pero nada ahora es como solía ser. En lugar de hablar desde la localidad portuguesa, la francesa lo hizo desde Fráncfort, cuartel general del instituto emisor. Y en lugar de reunirse con banqueros centrales, profesores y otros gurús de la economía, cada uno intervendrá a lo largo del miércoles y el jueves por videoconferencia.

Su discurso también se adoptó a la nueva realidad forjada por el coronavirus. Alertó de que la recuperación tras el duro confinamiento de la primavera se enfrenta a una carretera repleta de baches. De hecho, la economía atraviesa ahora uno serio, con unos servicios a la baja tras las nuevas restricciones impuestas en casi todos los países de Europa. Pero las cosas pueden ser peor. “Debemos asegurarnos de que esta nueva caída no se convierta en una recesión convencional que se retroalimente. Incluso si esta segunda ola es menos intensa que la primera, puede suponer un riesgo aún mayor para la economía”, dijo la jefa del BCE en un discurso cargado de mensajes. Y en el centro de todas las señales de alerta situó al sector financiero.

Si se instala la idea de que la pandemia se va a alargar en el tiempo, las familias serán más precavidas en sus gastos y las empresas en apuros decidirán que no tiene sentido continuar abiertas. Sería en ese momento cuando la recesión se colara también en aquellos sectores hasta entonces no afectados por la crisis. «La encuesta sobre financiación del BCE ya muestra un posible endurecimiento de las condiciones de crédito en los próximos meses. También vemos señales de que las pequeñas y medianas empresas anticipan un deterioro en su acceso al crédito”, avisó.

¿Y cuál es el papel de las autoridades en esta coyuntura? “Hacer de puente hasta que la vacuna esté avanzada y la recuperación cobre fuerza”, se respondió la propia Lagarde.

El BCE, por su parte, tendrá una ocasión de oro para hacerlo en su reunión del próximo 10 de diciembre. Los analistas ya descontaban nueva artillería monetaria para ese día. Lagarde dio pistas de que va a ser así: “El programa de compra de bonos lanzado a raíz de la pandemia y las rondas de liquidez para la banca han demostrado su efectividad. Y se pueden ajustar para responder a la evolución de la pandemia». Difícil decirlo más claro. Así lo entendieron los mercados, que reaccionaron con optimismo en el mercado de deuda.

Lagarde insistió en que no solo importa qué decisiones vaya a tomar, sino durante cuánto tiempo. Así, recalcó la importancia de que todos los agentes económicos tengan claro que las condiciones favorables de financiación se van a mantener todo el tiempo que sea necesario. “Especialmente si el impacto económico de la pandemia se alarga hasta el próximo año”, añadió.

Pero no solo el BCE tiene que cumplir con su papel. Los Gobiernos deben seguir apoyando a empresas y familias. “Una respuesta continuada, poderosa y enfocada [a los sectores más afectados] es vital para proteger la economía, al menos hasta que pase la emergencia sanitaria”, según Lagarde, que quitó razón a aquellos que hablan del riesgo de mantener con vida de forma artificial a empresas no solventes. Son los llamados zombis, según la jerga habitual. “Las preocupaciones sobre una zombificación están fuera de lugar, sobre todo si la vacuna está a la vista. Los confinamientos afectan de forma indiscriminada a empresas productivas e improductivas, por lo que son de ayuda las políticas que protejan a los negocios viables hasta que la actividad vuelve a la normalidad”, concluyó.