noviembre 6, 2020
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.OLIVIER HOSLET / POOL / EFE

Los mercados han aplaudido la llegada de una nueva triple A en la que resguardarse. Y piden más. Apenas han podido pujar por una ínfima parte de los primeros eurobonos, que servirán para financiar los planes contra la crisis de la covid-19. La respuesta a esa emisión de hace dos semanas, de 17.000 millones, fue abrumadora. Los inversores, que acudieron en masa, la tildaron de “escandalosa”, “brutal” o “el inicio de algo grande”. Y solo era el 1,8% de los 900.000 millones que en tres años lanzará la que se convertirá en la entidad supranacional más importante de los mercados financieros: la Comisión Europea.

Los mercados ya no solo dispondrán en Europa el bono alemán como principal activo seguro. “La emisión de los bonos para el programa SURE [que financia sistemas de protección del empleo como los ERTE] tuvieron una fuerte demanda. Ese gran interés demuestra que los inversores ven esos bonos como el nuevo safe asset [activo seguro] de Europa”, asegura el consultor e investigador de Bruegel Alexander Lehmann.

La Comisión Europea debe endeudarse en 900.000 millones de euros para financiar dos grandes planes: el SURE, con hasta 100.000 millones; y el fondo de recuperación —bautizado como Next Generation EU—, con 800.000 millones. Hasta ahora, Bruselas había emitido bonos para asistir a Irlanda y Portugal en un programa del que siguen vivos 46.800 millones de euros y para el que se endeudará en 9.750 millones en 2021. Pero las cantidades que se avecinan son incomparables. Está previsto que en 2024 en el mercado circule cerca de un billón de euros de la Comisión.

Como recordó el comisario de Presupuestos, Johannes Hahn, el Ejecutivo comunitario será el primer emisor supranacional del mundo, muy por delante del Banco Europeo de Inversión. Los bonos ya servirán para lanzar una señal al planeta sobre la unidad de la UE como bloque para actuar frente a la pandemia. Y eso es algo que, según fuentes comunitarias, las instituciones asiáticas o americanas han percibido. Sin embargo, ese activo seguro todavía está en fase muy embrionaria. Para empezar, porque los países del Norte capitaneados por Holanda aceptaron que todos los socios acudieran juntos a los mercados, pero a cambio de que fuera algo excepcional y temporal.

Esa circunstancia limita algunos efectos colaterales que podría tener esa emisión, en opinión del catedrático y director de Estudios Financieros de Funcas, Santiago Carbó. Por ejemplo, la oportunidad de que el euro gane enteros como divisa internacional frente al dólar. “Puede ser un empujón, pero ahora no será una cuestión fundamental”, sostiene Carbó, quien cree que esos pasos deben acompañarse de una mayor integración política en la UE.

Aun así, fuentes diplomáticas consideran que esas emisiones pueden constituir un precedente para la UE. “Si el fondo de recuperación sale bien, el dinero se emplea de forma correcta y Europa se reconstruye y lleva a cabo la transformación que requiere, será más fácil que volvamos a actuar unidos en la próxima crisis. Aunque no sea de las dimensiones de la actual”, dicen estas fuentes. El Banco Central Europeo y el Consejo Asesor Fiscal de la UE han pedido a los Veintisiete que mantengan ese instrumento de forma permanente, al menos para los países de la zona euro.

El respaldo de la triple A permitió a Bruselas colocar deuda a 10 años con un interés negativo (-0,238%) y a 20 años a una rentabilidad del 0,131%. La Comisión admite que no son los niveles a los que cotiza el bono alemán. “Tampoco era nuestra intención”, afirmó Hahn. Bruselas quería meter un pie en el agua para comprobar la temperatura en la que se hallaban los mercados. La demanda para 17.000 millones fue desorbitada, de 233.000 millones. El agua estaba caliente.

“Es una deuda con una garantía sólida, la de todos los miembros de la UE. La prima sobre el bono alemán es una cuestión de liquidez del mercado. El tamaño de los bonos en circulación todavía es pequeño, pero esa diferencia se irá cerrando cuanto más líquido se haga ese mercado”, afirma Emilio Ortiz, director de Inversiones de Mutuactivos.

Los ‘bonos verdes’

La Comisión irá ganando músculo sobre todo a partir de verano de 2021, cuando prevé realizar las primeras operaciones de endeudamiento para el fondo recuperación. Un informe del banco holandés Rabobank sitúa a Bruselas como cuarto emisor europeo, solo por detrás de Italia, Francia y Alemania y prácticamente al mismo nivel que España. La Comisión, según ese informe será también el mayor emisor en los mercados de deuda social y verde, puesto que un 30% de los bonos deberán cumplir con los criterios climáticos estipulados por la legislación comunitaria.

Eso significa que en los próximos tres años saldrán al mercado bonos verdes por alrededor de 300.000 millones de euros. Hasta ahora, desde 2016 nueve países habían colocado ese tipo de deuda por un monto de 88.800 millones, según una investigación de Alexander Lehmann para Bruegel. La mayor fue de Francia, en 2017. Esa condición puede hacer que los bonos sean incluso más atractivos, puesto que algunos inversores tienen fijado un porcentaje de su cartera que deben dedicar a ese tipo de activos.

En la Comisión Europea sí hay un cierto temor a que la emisión de esa cantidad de deuda pueda provocar un efecto expulsión que implique una menor compra de bonos de países periféricos. Y en parte por ello, el BCE y la Comisión están pidiendo a España que acepte los créditos que le ponen a su disposición, aunque con condiciones. Los analistas dudan de que ese efecto se produzca. “No lo creo porque todos nos beneficiamos de que aumente la capacidad financiera”, sostiene Carbó.

Tampoco Emilio Ortiz, de Mutuactivos, cree que la deuda española vaya a salir castigada. “Los bonos europeos van a ser adquiridos por quienes compran deuda alemana. Y el problema es que no hay suficiente”, sostiene. Ortiz recuerda que la deuda española es atractiva también por el respaldo del BCE. Fuentes del mercado opinan que, de hecho, los eurobonos darán más profundidad al mercado europeo con apenas un 25% de deuda triple A.

Algunos economistas como Nicolas Véron, del Peterson Institute, ven otros efectos positivos; y plantean la posibilidad de que ese volumen de deuda mejore el balance de los bancos al permitirles una mayor diversificación. Y eso, en caso de que ese instrumento se hiciera permanente, sí sería una pieza clave para avanzar por fin la Unión Bancaria.