noviembre 26, 2020

La UE vive una nueva batalla en las alturas. La temporada de esquí ha enfrentado a los socios transalpinos, divididos sobre si deben permitir la apertura de las estaciones. Alemania, Francia e Italia han decidido que la pandemia impone el cierre de los negocios, pero Austria se resiste a renunciar a los ingresos que supone la pujante industria de invierno pese a tener el segundo peor registro de contagios de la UE. Bruselas, que vuelve asistir con impotencia a una nueva batalla entre países en plena pandemia, advirtió del “elevado riesgo” que puede suponer levantar las restricciones de forma abrupta.

La mayoría de las capitales, en especial Berlín, no quieren que se repita el episodio de contagios del pasado marzo, cuando la estación austriaca de Ischgl se convirtió en uno de los principales focos de contagio de Europa. A pesar de que la alarma saltó a principios de ese mes con varios turistas islandeses, la elitista estación se mantuvo abierta hasta el día 14. Una localidad de poco más de 1.600 habitantes propagó el virus hacia cuatro continentes a través de viajeros que usaban el aeropuerto de Múnich.

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, abrió el debate al exponer las restricciones que se impondrán a los italianos para Navidad. Las estaciones de esquí generan unos ingresos anuales de unos 11.000 millones de euros en ese país. Aun así, Conte llamó a los italianos a no dedicar sus vacaciones al esquí. “No nos lo podemos permitir”, advirtió. El primer ministro consideró, no obstante, que el asunto requería un acuerdo europeo, puesto que los italianos podían ir a los Alpes franceses o austriacos y exponerse allí al virus. Y reveló que mantenía conversaciones con la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, para hallar una solución conjunta.

Merkel lo confirmó en la mañana del jueves. “Trataremos de conseguir que se apruebe a nivel de la Unión Europea el cierre del esquí”, dijo ante el Bundestag a pesar de que no hay consenso en Alemania. Una parte del empresariado opina que debería poder autorizarse una actividad al aire libre, pero el primer ministro de Baviera, el conservador Markus Söder, ha alertado del peligro de otro Ischgl. También Francia anunció este jueves que las estaciones no se abrirán hasta Navidad. Y cuando vuelvan a la actividad, lo harán sin remontadores ni equipamientos colectivos, ni tampoco bares ni restaurantes. Toda una invitación a ir a la montaña, pero dejando los esquís en casa.

Compensación por el cierre

Los vecinos austriacos, sin embargo, no se dan por aludidos. Ni siquiera después de que hace apenas tres semanas la prensa alemana publicara fotografías de largas colas en las zonas de esquí, en las que los ciudadanos no respetaban ninguna distancia de seguridad. La propia Merkel admitió que el acuerdo europeo se antojaba complicado si Viena no seguía sus pasos. El ministro de Finanzas austriaco, Gernot Blümel, ya avanzó que si la UE pretendía que cerraran las pistas pediría una compensación, e incluso puso números al estimar que las pérdidas del monte austriaco, considerado la Ibiza de invierno, rondarían los 2.400 millones de euros. El Gobierno austriaco se resiste, pues, a renunciar a esa pujante industria. Máxime cuando la vecina Suiza ha reabierto pistas de esquí, aunque con medidas de distanciamiento.

Austria es, además, el segundo país de la UE con peores registros. Según el Centro Europeo de Prevención y control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), solo Luxemburgo tiene peores números. Austria tiene hoy una media de 988,3 casos por cada 100.000 habitantes, frente a los 749 casos de Italia, los 454 de Francia o los 308 de Alemania. Bruselas admite que es cuestión de los países decidir si abren o no las pistas. Y ante la imposibilidad de intervenir directamente, reclama un “alto nivel de cooperación y coordinación” entre países y advierte de los riesgos de retirar a destiempo las medidas de contención adoptadas.