Ana Chinea y David Pastornino, en sus oficinas de Barcelona.
Ana Chinea y David Pastornino, en sus oficinas de Barcelona.

Los fundadores de Mimetis Biomaterials bromean con que el campo en el que trabaja la empresa, de golpe, inquieta a quien no sabe nada de este mundo: la regeneración ósea sintética biomimética. Aunque al final, por fortuna, se comprende mejor. “Sintética porque el material que injertamos en el paciente no es hueso de origen animal; y biomimética porque, para producir ese material, replicamos al máximo el modo en que se genera el hueso en la naturaleza”, precisa Ana Chinea, ingeniera biomédica y consejera delegada de la compañía. Chinea se sumó en 2017 a un proyecto lanzado en 2013 por cuatro investigadores del área de biomateriales de la Universitat Politècnica de Catalunya, entre ellos la experta en regeneración ósea María Pau, presidenta de la empresa, y David Pastornino, que acompaña a Chinea en la videollamada.

La compañía lanzó en 2015 su primer producto, unos gránulos a base de fosfato de calcio que, tras ser hidratados por el cirujano, se inyectan en el paciente. “Es un producto con el que se evitan las desventajas ligadas al uso de hueso humano o animal, como la eventual transmisión de enfermedades, y que mejora los sintéticos actuales”, argumenta Pastornino. Mimetis vende al sector dental, que utiliza su producto para regenerar el hueso de la encía antes de realizar implantes, y al ortopédico.

Su modelo de negocio se basa en cerrar contratos con distribuidores. “No tenemos fuerza de venta directa”, concede Chinea, pero eso no evita que el 50% de sus ingresos los obtengan por canales propios, debido a que parte de los 16 inversores de la compañía son también clientes. Aunque venden más a cirujanos del sector dental, los mayores volúmenes que demandan los profesionales ortopédicos hacen que estos contratos representen la mayor parte de los 120.000 euros que facturaron en 2019. Por el momento carecen de ganancias.

Mimetis cuenta con nueve empleados y tiene su pequeña fábrica en Cerdanyola del Vallès (Barcelona). Iniciaron el año lanzando un segundo producto al mercado —unas soluciones a medida basadas en la imagen médica del paciente y que imprimían en 3D—, pero el coronavirus los ha dejado “casi sin actividad”, concede Chinea. “Los sectores para los que trabajamos entraron en shock y nosotros fuimos especialmente golpeados al no realizar intervenciones de urgencia, pues la regeneración viene después de una primera etapa de contención”, explica.

La empresa se ha financiado gracias a 2,5 millones de subvenciones públicas y un millón de inversión privada. A resistir la pérdida de ingresos les ayuda “un preacuerdo de distribución en exclusiva” firmado con Nobel Biocare, uno de los principales distribuidores del sector dental, explica Pastorino. Su próximo paso es alcanzar un preacuerdo similar en el mercado ortopédico.