noviembre 15, 2020
Cola de personas para recoger alimentos en el comedor social en la parroquia San Ramón Nonato, en Puente de Vallecas.
Cola de personas para recoger alimentos en el comedor social en la parroquia San Ramón Nonato, en Puente de Vallecas.Álvaro García

España es una rareza en términos de paro, y va camino de serlo en desigualdad: la pandemia tiene un impacto formidable en la distribución de la renta, mitigado solo en parte por el activismo del Estado. Los primeros datos disponibles son dignos de un anuncio de pompas fúnebres. La desigualdad escaló a máximos la pasada primavera, según el Institute of Political Economy and Governance, la Pompeu Fabra y CaixaBank Research, que han analizado tres millones de nóminas con técnicas de big data. El impacto es aún más fuerte entre los jóvenes y los inmigrantes.

La desigualdad es corrosiva: pudre a las sociedades desde dentro, y explica —en parte: las ciencias sociales no son como la física newtoniana— fenómenos recientes tan dispares como el Brexit, el trumpismo y, en general, la enorme desafección política que recorre el espinazo de Occidente. La historia económica demuestra que la desigualdad se dispara en las grandes crisis, así como en las pandemias y en las guerras. Esta vez hay prácticamente de todo en el menú, crisis sanitaria y económica, y solo hay que sentarse a esperar que los datos revelen la profundidad de la cicatriz. Las primeras cifras son terribles: los niveles de desigualdad en España escalaron en solo unos meses a niveles nunca vistos en las últimas décadas. Solo las políticas públicas, básicamente a través de las prestaciones y los expedientes de regulación temporal de empleo —que han sostenido relativamente el mercado laboral—, han permitido cierta mejoría desde finales de la pasada primavera.

Hay que hacerles preguntas a los datos para empezar a extraer lecciones de la crisis. Las estadísticas oficiales tardarán aún meses, incluso más de un año en llegar, pero las primeras cifras, aún tentativas, cuentan una historia oscura: la evolución de los ingresos salariales arroja un incremento súbito de la desigualdad entre marzo y abril, de hasta 11 puntos respecto a febrero medidos con el índice de Gini, la métrica más asentada entre los expertos. Son aumentos sin parangón en las series históricas, como lo fueron los recortes del PIB del tercer trimestre. A partir de junio (cuando se empezaron a relajar las medidas de confinamiento), esas alzas se moderaron, pero estaban aún claramente por encima de los niveles prepandemia. Si se tienen en cuenta las transferencias realizadas por el sector público se observa igualmente un fuerte aumento al inicio de la primavera, pero las prestaciones y los ERTE permitieron rebajar notablemente el impacto, según el estudio.

La desigualdad salarial medida por el coeficiente de Gini (donde cero corresponde a la igualdad perfecta y 100 a la máxima desigualdad) se fue hasta junio por encima de los 50 puntos antes de las transferencias públicas, y por encima de los 45 después de las ayudas; son cifras muy elevadas para una economía desarrollada. En los meses posteriores se relajó, pero sigue presentando cotas históricamente altas (por encima de 40) que pueden llegar aún más alto en el último trimestre.

Eso sí: el impacto de la crisis va por barrios. “El aumento de la desigualdad es más grave en dos colectivos especialmente vulnerable: jóvenes e inmigrantes”, explica uno de los impulsores de ese ejercicio, el catedrático José García Montalvo. “Los fuertes vaivenes del índice entre jóvenes y migrantes reflejan un problema bien conocido del mercado laboral español, su dualidad. En estos colectivos hay más precariedad, sufren más cuando hay ajustes y tienen coberturas públicas más limitadas”, añade.

España está en el furgón de cola en Europa en ese capítulo: según Eurostat, en 2019 solo Letonia, Lituania y Rumanía presentaban peores datos. La pandemia, además, ha afectado más a la economía el impacto en el turismo. “Y lo normal sería que en esta segunda ola viéramos un nuevo repunte, aunque el punto crítico llegará cuando empiecen a retirarse las ayudas públicas”, sostiene García Montalvo.

Con la llegada de Ronald Reagan y Margaret Thatcher al poder en EE UU y Reino Unido, la desigualdad dejó atrás varias décadas de moderación en el Atlántico Norte; 1980 fue el año en el que el 1% más rico invirtió 50 años de caída y empezó un sensacional ascenso en la porción de la riqueza que posee. España arrastraba elevados niveles de desigualdad en el franquismo, pero la Transición y la construcción del Estado del bienestar permitieron cierta mejoría. Aun así, la economía española entró en el euro con cifras peores que el resto de socios. La Gran Recesión provocó un aumento fulgurante, que se iba moderando desde 2018. La pandemia, a juzgar por los datos de ese estudio, provocará un nuevo sofocón en todas las métricas: desigualdad, riesgo de pobreza y el resto de indicadores sociales.