noviembre 2, 2020

Para Gina Natteri, los 26 años que está al frente de la Escuela Nacional Superior de Ballet, se convierten en la respuesta contundente para quiénes suelen preguntarle si la danza es su vida.  “Siempre me gustó bailar, creo que desde que tengo uso de razón. Desde los cinco años hago ballet, en el colegio es donde fui encaminando mi inclinación hacia la danza. A los 12 años ingresé al conservatorio de San Marcos, allí empezó todo”, recuerda la maestra.

Una profesión que es pura pasión y mucha disciplina..

Es una profesión que la amas desde que la conoces y no la puedes dejar, realmente una cosa es que te guste y otra que la ames, esa es la gran diferencia. Los que aman la danza, son los que realmente se dedicarán a ella.

¿Una maestra sabe identificar quiénes se van a dedicar al ballet entre los que están solo de paso?

Es simple, en el camino siempre se van a ir los que se dan cuenta que la danza no es lo suyo y dicen: ‘Esto es muy difícil, no pensé que fuera así’, ellos solitos se alejan. Los que se quedan, son aquellos que realmente quieren seguir. Yo siempre les digo: ustedes son únicos, cada uno tiene sus propias habilidades, puedes servir como un gran bailarín clásico, o como uno de cuerpo de baile, que es algo importantísimo para una compañía.

Sin un buen actor de reparto no brilla un protagonista en el teatro, ¿lo mismo es en el ballet?

Exactamente, si no hay un cuerpo de baile homogéneo, así tengas un par de estrellas, una obra de ballet no se va a lucir de la misma manera. Pero quizá también, ese alumno terminará siendo un magnifico bailarín de contemporáneo, o de pronto su habilidad es la coreografía, entonces se les va encaminando, se les va diciendo poco a poco. A nadie se le deja, cada uno es único y tiene una habilidad distinta.

¿Cómo ha afrontado la Escuela Nacional Superior de Ballet la pandemia y la crisis sanitaria?

Como todos, estamos adaptándonos a la tecnología, porque es la única manera de poder continuar con nuestras labores de enseñanza y difusión. Hemos empezado capacitándonos para poder utilizar esas herramientas que nos son totalmente ajenas, sobre todo a los que hacemos danza, porque para nosotros son vitales las clases presenciales.

Todo un reto enseñar ballet a través de las plataformas..

Exige mucha paciencia, porque en realidad en el dictado de clases, el tiempo que se dice es sincrónico, en realidad no lo es. Tenemos que acostumbrarnos a que siempre los alumnos van a estar en distinto tiempo al que nosotros les marcamos. Hemos tenido que adaptarnos a tener clases un poco más lentas, porque eso funciona mejor, y también ahora debemos explicar mucho más. Presencialmente, uno es bastante más concreto cuando da las explicaciones a los chicos, los puedes tocar y mostrar lo que quieres en el momento y ellos lo hacen, pero a distancia es imposible. Hay que reevaluar la forma en que no expresamos y cómo nos comunicamos con los alumnos para que ellos puedan entender.

A los inconvenientes en el dictado de clases hay que sumarle la crisis económica que también les debe alcanzar…

En la escuela hemos visto nuestros recursos mermados, tuvimos que reducir los precios para que los chicos puedan continuar con las clases. Obviamente, muchos padres de familia están pasando por situaciones difíciles y lo último que queremos es agregarles una carga más, Lo que sí me preocupa es que el próximo año el presupuesto va a ver reducido, no sabemos aún cuáles serán la limitaciones del 2021.

Ante estos escenarios difíciles, no ha pensado en dar un paso al costado..

No se me ocurre, espero poder morir enseñando y eso que yo detestaba hacerlo. En un principio lo único que quería era bailar, pero cuando entré al elenco de San Marcos tenía que enseñar para poder bailar y agradezco a Dios esa obligación que tuve en un principio. A partir de allí, poco a poco me fue atrapando la enseñanza y ahora amo lo que hago, lo disfruto, no le he puesto límites.