Un avión de pasajeros de Iberia, el pasado viernes, durante los trabajos para su transformación en carguero.
Un avión de pasajeros de Iberia, el pasado viernes, durante los trabajos para su transformación en carguero.SERGIO PEREZ / Reuters

Dos buenas noticias en una para la industria aérea cuando más lo necesita. El desarrollo de las vacunas para crear inmunidad contra la covid-19 no solo permite vislumbrar un futuro menos negro para las aerolíneas, sino que además les permitirá generar una línea de negocio adicional: el transporte de unos viales que tendrán que llegar, en tiempo récord, a todos los rincones del mundo. Y que obligarán a reorganizar el mapa de rutas de los principales operadores con negocio de carga.

En una crisis sin precedentes, el efecto sobre las cuentas de resultados será necesariamente pequeño, pero un empujón tan inesperado como este no debe despreciarse como contribución para su subsistencia, primero —la mayoría de aerolíneas europeas se han visto obligadas a recurrir a algún tipo de ayudas públicas—, y a su recuperación, para la que 2021 se antoja un año clave. Según las últimas cifras de la IATA, la patronal mundial del sector, las líneas aéreas perderán 100.000 millones de dólares en 2020 —casi cuatro veces más de lo que auguraba el ente en febrero, en los albores de la crisis sanitaria— y arrastrarán los números rojos, aunque notablemente menores, a lo largo del siguiente ejercicio. La luz al final del túnel de la pandemia la verán, de nuevo, en 2022. Pero antes, algunos segmentos ya han empezado la remontada.

Todos los grandes nombres del sector que cuentan con unidades potentes de carga —como la alemana Lufthansa, Air France-KLM (para la que el Estado francés prepara estos días una nueva inyección de hasta 5.000 millones con la intención de ejecutarla la próxima primavera) y Cathay Pacific— que suelen operar bajo contrato para transportistas e integradores como UPS, Fedex y DHL, se preparan estos días para uno de los mayores retos logísticos que han afrontado nunca. El esfuerzo al que obliga el traslado del fármaco será enorme. Desarrollar la vacuna en tiempo récord fue la parte fácil, o “el equivalente a construir el campamento base en el Everest”, según la directora de vacunas de la Organización Mundial de la Salud, Kate O’Brien. “Pero entregarlas y garantizar que la gente sea, de hecho, inmunizada con el número correcto de dosis… Eso es lo que se va a necesitar para alcanzar la cima”, dijo O’Brien recientemente.

Las aerolíneas del golfo Pérsico, Qatar Airways y Emirates, así como Turkish Airlines, todas ellas golpeadas por el colapso de las rutas de largas distancias, podrán sacar brillo a sus enormes centros de conexión, algunos de los mayores del mundo. La aerolínea de bandera turca —como la indonesia Garuda—, de hecho, ya ha comenzado a transportar la vacuna de la china Sinovac a varios países, entre ellos Brasil. Y al igual que muchos de sus competidores, ha optado por ampliar su capacidad de cadena de frío y almacenamiento para hacer frente a lo que está por llegar en los próximos tiempos.

El director comercial de Cathay Pacific, Ronald Lam, dejó caer recientemente en conversación con analistas que si bien es “difícil cuantificar” las ganancias imprevistas, “habrá un impacto positivo ya sea directamente a través del transporte de vacunas o el aumento en la demanda de transporte de carga en general”.

Algunos operadores aéreos ya están decidiendo qué otros productos no serán montados en los vuelos para hacer espacio a las vacunas, según la publicación especializada The Loadstar. “Hay mucha menos capacidad aérea en el mercado”, apunta el jefe de carga de United Airlines, Christopher Busch, “así que nos vemos obligados equilibrar no solo las vacunas que están por llegar, sino cómo continuamos moviendo los productos que se movían antes”.

En tiempos de turbulencia, la carga se ha convertido en un potente refugio para las aerolíneas en tiempos de dificultades extremas: muchas de ellas, de hecho, están obteniendo ganancias sin precedentes por este concepto en este 2020 aciago, incluso cuando sus cuentas siguen registrando cuantiosos números rojos. Cuando las cuarentenas obligaron a la suspensión de vuelos, las tarifas de carga se dispararon, lo que ayudó a los transportistas a mantener abiertas las rutas de pasajeros restantes y evitar más números rojos. La participación de la carga en los ingresos se triplicará al 36% este año, gracias a un aumento medio de precios del 30%, según las proyecciones de la IATA. Y aerolíneas como la española Iberia han optado por reconvertir aviones de pasajeros en cargueros en toda regla a la espera de que el transporte de pasajeros recupere niveles de actividad que permitan un retorno de la rentabilidad, por mínimo que sea.

“Los márgenes de ganancia de todas las operaciones de carga serán muy fuertes en 2020 como resultado de las actuales circunstancias extraordinarias. Y se mantendrán en ese nivel en 2021 como resultado de la distribución de vacunas”, apunta el analista de HSBC Andrew Lobbenberg. Las compañías que se unan al puente aéreo de la vacuna pueden esperar, augura, “un impacto económico muy significativo” en los próximos meses.

La entrega por vía aérea de una dosis de la vacuna a cada habitante del planeta requeriría de unos 8.000 Boeing 747, el segundo avión comercial más grande del mundo, según los datos de la patronal global de las aerolíneas. Aunque una minoría de las vacunas a distribuir no necesitarán transporte aéreo —fundamentalmente, las poblaciones que vivan cerca de un laboratorio en el que se produzcan los viales—, algunas de ellas, como la desarrollada por la empresa estadounidense Moderna, requieren dos inyecciones por persona. Al fin un negocio redondo en plena travesía en el desierto.