noviembre 20, 2020

Son las 11 de la mañana en un polígono de las afueras de Madrid y Eli, un repartidor venezolano de Amazon Flex, se dispone a empezar su ronda de entregas. “Esto no se puede hacer”, reconoce a las puertas de uno de los almacenes de la empresa, mientras se las ingenia para que los 26 paquetes que tiene que repartir en las siguientes cuatro horas le entren en un coche minúsculo de dos plazas. Según la ley, la carga tiene que ir en el maletero, pero aprovecha los recovecos del vehículo –la guantera, el espacio del copiloto y los bajos de los asientos– para meter los paquetes pequeños y poder hacer toda la ronda en un solo viaje. Es el día a día de los repartidores autónomos de esta compañía, aunque desde mediados de octubre esta es la menor de sus preocupaciones.

La Inspección de Trabajo ha calificado a todos estos “colaboradores”, como los llama la multinacional, como falsos autónomos –entre Madrid y Barcelona hay más de 4.000– y reclama a la empresa estadounidense más de 6 millones de euros en cuotas de la Seguridad Social. Pese a ello, Amazon aún continúa distribuyendo paquetes en estas ciudades con esta clase de personal irregular e incluso hasta hace unos días, buscaba nuevos repartidores en Bilbao, según podía verse en su web.

En la publicidad del empleo, Amazon promete 56 euros por cuatro horas de trabajo –14 euros la hora–, pero no especifica que todos los gastos corren a cuenta del repartidor. “A eso hay que descontarle la tarifa de autónomo, la gestoría, el 21% de IVA, la gasolina, las averías del coche… al final cobran aproximadamente 5 euros la hora”, especifica Rubén Ranz, coordinador de la división de UGT para plataformas digitales.

Eli llevó estos gastos al extremo e invirtió de su bolsillo 2.000 euros para comprar un coche exclusivamente para los repartos. “Me salió rentable, saco ese dinero en menos de dos meses”, dice. Además de Amazon Flex, donde lleva casi un año, este venezolano entrega en moto para Glovo –también señalada por el Tribunal Supremo por no contratar a sus riders– y Stuart, otra empresa de reparto de mensajería que se vale de repartidores autónomos.

UGT calcula que Amazon tiene unos 6.000 empleados en estas condiciones en España. El sindicato interpuso la denuncia que inició la inspección de Madrid y Barcelona y aún esperan la resolución de casos similares en Bilbao, Valencia, Zaragoza y Sevilla. “Es un modelo de trabajo opaco, que nos lleva a la máxima precariedad, y que busca transformar el mercado de trabajo en uno en el que no existan empresas ni trabajadores”, sostiene Gonzalo Pino, secretario de política sindical.

Pero la precariedad de este tipo de contratos va más allá del salario y permite que la empresa de comercio electrónico pueda deshacerse de sus repartidores sin dar ninguna explicación, de la noche a la mañana.

A. es un chico en la veintena que en 2019 trabajó durante ocho meses como repartidor para Amazon Flex en Barcelona, hasta que la multinacional dejó de contar con él, sin previo aviso. “Un día me llegó un correo diciendo que algunos clientes se habían quejado de que no habían recogido el paquete y que yo lo había marcado como entregado. Con esa frase fue suficiente para echarme”. Pero en el mensaje no aparecía la palabra ‘despido’, porque de hacerlo la empresa asumiría que A. formaba parte de la plantilla. “Ya no eres apto para participar en el programa Amazon Flex”, se lee en el correo en el que le cesaban.

Esta facilidad para echar a los repartidores se recoge en el acta levantada por Trabajo en Barcelona, a la que ha tenido acceso este periódico. “En el contrato [que consiste simplemente en aceptar un formulario en la aplicación del móvil] viene estipulada una amplia libertad de Amazon para desactivar al repartidor en la aplicación. Se establecen supuestos muy generales que permiten cualquier situación y a su única discreción”. Por lo que la empresa ni siquiera necesita especificar al empleado las causas de la ruptura del acuerdo.

Amazon ha rechazado responder a las preguntas de la prensa. Solo sostiene en un comunicado que está “en completo desacuerdo con la resolución” de Trabajo y aseguran estar “orgullosos” de contar con “un pequeño porcentaje de autónomos que colaboran repartiendo paquetes de forma independiente, con la opción y la flexibilidad de realizar entregas en las franjas horarias que mejor les convengan y obtener así ingresos adicionales”.

Sin embargo, aunque los trabajadores por cuenta propia pueden elegir si aceptan o no una carrera, están sujetos a los horarios que plantee Amazon, parte del trabajo se les anuncia con escasa antelación y necesitan estar pendientes de la aplicación para aceptar los repartos antes de que otro se les adelante, lo que dificulta compaginar los repartos con otro empleo. “Si no trabajas unos días, la app no recibe ofertas de bloques, según manifestaciones de bastantes repartidores Flex”, recoge la Inspección en el acta.

“Te prometen flexibilidad de horas y terminas a las 15.00 de la tarde recargando la página para ir a trabajar a las 16.00”, recuerda A. de su época de repartidor en Barcelona. “Es verdad que algunos viernes conseguía reservar dos tardes para la semana siguiente, pero no más. El resto se iban quedando libres durante la semana y las cogía horas antes. Tenía que estar pegado al móvil”.

Otro de los autónomos que espera en la puerta del centro logístico de Amazon en Alcobendas, y que prefiere no dar su nombre, asegura que trabaja todos los días de la semana y cobra alrededor de 700 u 800 euros al mes –una vez restados los gastos–, un complemento a su sueldo de asesor inmobiliario. “Cuando tengo visitas programadas o una venta no acepto repartos y si tengo una urgencia puedo renunciar al bloque, pero tiene que ser al menos 45 minutos antes, si no nos llaman la atención”.

Ese toque de atención del que habla este repartidor es otra de las claves de los falsos autónomos que recoge el acta levantada por Trabajo. Aunque la empresa asegura que no mantiene una relación laboral con estos empleados, todas las semanas reciben una evaluación de su trabajo por parte de Amazon en la que se les asigna una puntuación que sube o baja en función de si entregan todos los paquetes, si cancelan carreras a última hora o si hay quejas de los clientes, entre otros parámetros.

La Inspección concluye que los comentarios y la puntuación que dan los clientes a la compra tienen más repercusiones de lo que parece, e incluso determinan el futuro laboral de los repartidores. “El cliente puede valorar el sistema de compra a través de la web, pero, en principio, no valora el servicio prestado por el repartidor. En cambio, Amazon sí que valora al repartidor mediante sus algoritmos, que dan lugar a una mejor valoración (con la inclusión en el sistema de bloques reservados [carreras de más horas y más dinero]) o una peor (que puede implicar estar unos días sin que el repartidor Flex le entren ofertas o incluso la desconexión)».