Patio de operaciones de la Bolsa de Madrid.
Patio de operaciones de la Bolsa de Madrid.Ana Bornay / EFE

Un espejismo. Eso fue el ligero repunte de la confianza del inversor español durante el pasado mes de junio. Eran días de esperanza. Atrás quedaba el confinamiento y el impacto de la pandemia parecía remitir. Sin embargo, la temida segunda ola del coronavirus se adelantó, no esperó al otoño y desde el mes de agosto lleva golpeando cada vez más duro. El rebrote, que viene cobrándose desde hace varias semanas más de 200 muertos al día, supone también un jarro de agua fría para las expectativas de recuperación económica.

Con este sombrío panorama, plagado de incertidumbres y sin un horizonte claro de salida, la confianza de los ahorradores se ha vuelto a hundir. Así lo atestigua el índice que elabora JPMorgan Asset Management que en el tercer trimestre del año se situó en -2,91 puntos frente a los -2,07 puntos en los que se colocó en la oleada anterior. Se trata del quinto trimestre consecutivo en terreno negativo para este indicador, circunstancia que solo se había producido durante las fases más duras de la crisis financiera que empezó en 2008.

El índice se construye con las respuestas que dan los encuestados (1.376 en esta ocasión) a la pregunta sobre cómo creen que se comportará la Bolsa en los próximos seis meses. Para el 49,8% es muy probable o probable que los mercados bajen en este plazo, el 23,4% confía en que se mantengan en los niveles actuales y solo el 26,8% asegura que registrarán subidas. Cómo no, la evolución de la pandemia es el argumento, tanto de pesimistas como de optimistas, para conformar su respuesta.

Preferencia por Europa

Los inversores creen que, en el caso de producirse revalorizaciones en las Bolsas, estas se concentrarían principalmente en las europeas. La segunda opción favorita son las acciones de las compañías asiáticas, seguidas de las españolas. El mercado estadounidense, que de la mano de los grandes valores tecnológicos ha dominado las subidas en los últimos años, habría agotado buena parte de su potencial, según los encuestados.

El dinero admite pocas dudas. A la más mínima incertidumbre, se repliega como una tortuga se mete dentro de su caparazón. Los sueños de ganar mucho pronto tornan en simples deseos de preservar el capital. Esta situación queda reflejada en el estado de ánimo actual de los ahorradores. Para el 46,2% de los encuestados, su principal aspiración es “no perder dinero”, el 30,3% responde que está dispuesto a sacrificar parte de la rentabilidad “a cambio de cierta seguridad” y solo para el 23,5% lograr la máxima ganancia es su objetivo.

Con esta carta a los reyes magos no puede extrañar que los productos preferidos para invertir durante los próximos seis meses sigan siendo los más conservadores. Los tipos de interés oficiales, vectores de la rentabilidad de estos productos, están por los suelos, pero los inversores no están para grandes experimentos. El 39,9% de los españoles adquirirá un depósito o una cuenta corriente. La segunda alternativa más nombrada son los planes de pensiones (esta encuesta se realizó antes de conocerse que el Gobierno recortará las deducciones de los planes en los próximos Presupuestos Generales).

Pero lo más llamativo no es qué comprarán los que sí invertirán, sino el hecho de que uno de cada tres ciudadanos no invertirán en nada (incluso dando por válido que una cuenta corriente es invertir) en el semestre que viene. “No creo que sea conveniente ahora invertir por la inestabilidad”, es el argumento más repetido entre aquellos que piensan mantener sus ahorros bajo el colchón. Pero no siempre es una decisión libre la de no meterse en las procelosas aguas financieras, muchos de los que no invertirán lo hacen simplemente porque no tienen capacidad de ahorrar. El invierno se acerca. En todos los sentidos.