Albañiles en las obras de construcción de un edificio de viviendas en Sevilla el pasado junio.
Albañiles en las obras de construcción de un edificio de viviendas en Sevilla el pasado junio.PACO PUENTES / EL PAIS

Las declaraciones en las que el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, anunciaba el jueves que el Ministerio de Trabajo estudia la reducción de la jornada laboral a cuatro días, y que la propia ministra Yolanda Díaz, vía tuit, matizaría después —”la reducción de jornada, el control de horas extraordinarias, el derecho a la desconexión o la conciliación son elementos que se deben dialogar”—, han abierto un debate sobre su idoneidad entre empresarios, trabajadores y expertos. Las reticencias principales se descubren especialmente a la hora de acomodar una propuesta como esta dentro de un país con un tejido económico como el español.

“Como propuesta es muy bonita, pero que pueda aplicarse lo veo muy difícil”, señala Daniel Toscani, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia. “Aunque es lógico pensar que después de habernos pasado 100 años con una jornada laboral de ocho horas cabría tomar la decisión de reducirla, implantar por real decreto una jornada laboral de cuatro días en una economía tan fuertemente anclada sobre el sector servicios como es la española no creo que sea posible”, añade el profesor.

Su valoración es compartida por el resto de académicos consultados. “Hay que pensárselo bien y hacer un planteamiento global”, se suma Santiago Collado, profesor de Derecho del Trabajo y Derecho Civil de la Universidad del País Vasco, que añade un detalle importante a la hora de discernir sobre el verdadero valor de emplear nuevas fórmulas de esta índole. “En realidad, lo más importante no es la duración de la jornada, sino la distribución de la misma. Y sería más positivo verlo desde la negociación colectiva, por sectores, y ajustándose a las necesidades de trabajadores y empresarios en el ámbito concreto de su tarea”.

Mientras que fuentes del ministerio de Trabajo no adelantan más detalles sobre la propuesta y aseguran que su compromiso “siempre fue estudiar el tiempo de trabajo”, y que “habrá que abordarlo en su integridad”, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) no entra a valorar una medida “que no está sobre la mesa del diálogo social en estos momentos”.

Reinvención del trabajo

Países como Nueva Zelanda se han colocado a la vanguardia de la aplicación de estas nuevas fórmulas de empleo. Allí el fabricante angloholandés de productos de consumo Unilever —siguiendo la exitosa estela de Perpetual Guardian— anunció recientemente que experimentará desde este mes y durante un año la jornada laboral de cuatro días, lo que supone el 80% de la jornada habitual, sin por ello aplicar recortes salariales a aquellos empleados que se adhieran a ella. Una decisión que recoge el sentir el sentir de la primera ministra del país, Jacinda Ardern, que abogó por la implementación de este tipo de fórmulas más flexibles “que permiten la conciliación de las familias”. Finlandia, en cambio, ha dado marcha atrás a pesar de que la primera ministra del país, Sanna Marin, aseguró en agosto su voluntad de introducir un sistema de trabajo con horarios flexibles que se repartiría en cuatro días.

La irrupción de la pandemia ha impulsado cambios forzosos en muchos sectores, que ahora se muestran menos reacios a valorar fórmulas de trabajo diferentes. “Aun así, en las relaciones laborales existen particularidades culturales, sociales, que influyen en la regulación de las condiciones de trabajo. Y en España todavía existe una cultura de la presencialidad”, desliza Collado. “La pandemia ha obligado a que muchos sectores se hayan tenido que reinventar, y es necesario que se reformule la concepción del trabajo que venimos haciendo en los últimos años”, añade Toscani.

Y es que más allá de establecer la reducción de horas en base a un incremento del tiempo libre con el que mejorar, entre otros aspectos, la conciliación, los expertos apuntan hacia otro marco como medida de corte. “De nada sirve recortar un día o día y medio de trabajo si después esas horas se redistribuyen, o si son las empresas las que tienen que hacerse cargo de ellas. O peor, el Estado, lo que generaría un sobrecoste carísimo”, advierte Toscani. “Hay que enfocar la revolución del trabajo a la productividad”, sostiene.

Microsoft, uno de los mayores gigantes tecnológicos del mundo, implementó en agosto del año pasado la jornada de cuatro días en su base japonesa. Y los resultados no se hicieron esperar: la productividad de los 2.300 empleados que se acogieron a ella aumentó en un 40%. “Empresas como estas en las que el trabajo es principalmente intelectual y no físico son las que tienen más fácil implementarlo”, afirma Toscani.