noviembre 10, 2020

¿Hasta qué punto la crisis del coronavirus va a dejar cicatrices a largo plazo en las economías de la zona euro? Esta es una de las preguntas que trata de responder el Banco Central Europeo (BCE) en su boletín económico publicado este martes. La respuesta del organismo es que esto dependerá en gran medida de cuántas empresas ―y de qué tipo― quebrarán a consecuencia de las tensiones de liquidez causadas por el confinamiento y las medidas de contención. Y en este reparto de cargas fruto de un meteorito en forma de virus del que nadie había oído hablar hace tan solo un año, España vuelve a aparecer en una mala situación respecto a sus vecinos europeos.

El artículo del BCE analiza las cuatro mayores economías del euro para ver quién tiene un mayor porcentaje de empresas en peligro. Y por encima de todas destaca España, con una de cada cuatro compañías que habrían tenido problemas de liquidez durante el pico de la pandemia de no haber contado con ayuda de las autoridades públicas. “Nuestro análisis muestra que España es el país más afectado”, aseguran en un apartado del artículo firmado por Paloma López García. Esta es una conclusión acorde con otras investigaciones hechas por la Comisión Europea y la OCDE.

“De entre todas las empresas en dificultades, con riesgo de tener o poca liquidez o escasez de capital, las más endeudadas serán las que se encuentren con más problemas para captar capital y, por tanto, con un mayor riesgo de suspensión de pagos. En torno a tres quintos de las compañías con este tipo de problemas corren el riesgo de abandonar el mercado”, concluye la economista. Este grupo especialmente peligroso supone entre el 10% y el 23% del tejido productivo, empleando del 10% al 17% de los empleados del sector no financiero.

Si la situación no ha sido tan dramática es gracias a los mecanismos de apoyo a la actividad desplegados por las Administraciones públicas, muy especialmente los ERTE. “Una de las medidas más efectivas ha sido la introducción de apoyos al empleo a corto plazo, que permiten a las compañías reducir la carga de sus nóminas transfiriendo de forma temporal parte de los costes laborales a los Gobiernos. Estas medidas también mantienen a los empleados ligados a sus empresas, preservando el valioso vínculo entre empresa y empleado”, añade el documento. Según sus cálculos, el mecanismo de los ERTE (que la mayoría de países han adoptado con otros nombres, ya sea el kurzarbeit alemán, el chômage partiel francés o la cassa integrazione guadagni italiana) ha reducido a la mitad el número de empresas con riesgo de iliquidez en la mayoría de países europeos; y en casi dos tercios el empleo en peligro de ser destruido. Estos mecanismos, sin embargo, no son efectivos para reducir en número de empresas con problemas de liquidez, concluye el BCE.

El artículo estudia los shocks que la crisis del coronavirus ha generado en la eurozona y cómo ha afectado a la productividad de la economía, que ha impactado de una forma muy diversa entre un sector y otro. De entre los analizados, apunta a España como el más afectado por la caída de la productividad fruto de la pandemia por contar con una economía más vulnerable, que depende en mayor media de sectores especialmente afectados, como el turismo, los hoteles y la restauración.

El BCE echa mano de memoria para recordar que la crisis financiera de la década pasada sirvió en países como España e Italia a ganar productividad, ya que la embestida de la recesión se dejó notar sobre todo en sectores con bajo valor añadido, como la construcción, permitiendo ganar más protagonismo a las manufacturas. Es lo que los economistas llaman un “efecto limpieza”: es decir, que los recursos de la producción se recolocan en sectores con más valor añadido.

La pregunta es si algo así puede estar ocurriendo ahora con el coronavirus. Y la respuesta que dan los economistas del BCE es que no. “Dado la naturaleza no económica del shock de la covid-19, es probable que se esté produciendo menos ese efecto que en la crisis financiera global”, concluye.