“¡Ahí lo tienen, qué estampa de animal en medio de la pista!”, exclama el speaker Javier García Calvillo cuando irrumpe sobre la arena del Recinto Ferial de Salamanca el macho Osman, un reproductor joven de la raza limusina, procedente de la ganadería gaditana Concha Piquer. El animal, elegido para su fortuna entre los de su especie como semental, desfila mansamente mientras más de 200 ganaderos lo observan desde sus ordenadores y sus móviles sin moverse de sus granjas. El precio de salida es de 3.000 euros, y va subiendo de 100 en 100 durante la puja. Al final, gracias a las alabanzas del locutor que guía la subasta, el toro se lo lleva el profesional identificado con la tarjeta 38, que sigue el evento desde su casa en Zamora. El portal VayaVaca le avisa de que es el ganador con un cañón de confeti en la pantalla.

VayaVaca se convirtió el 20 de abril en la primera plataforma online de compraventa de ganado en España. En lo más crudo del estado de alarma, las transacciones del sector se habían paralizado, con las ferias y subastas suspendidas. Seresco, una empresa de servicios dedicada a las nuevas tecnologías y las soluciones informáticas para la empresa y la Administración -con 700 trabajadores en Oviedo, Barcelona, Vigo y Madrid- llevaba casi un lustro madurando la idea y un año desarrollando el proyecto del comercio digital de reses. “El plan era lanzarlo en junio, pero todo se aceleró por el coronavirus”, cuenta Rubén Pérez Sobrino, director del área de consultoría y software de la compañía asturiana. En VayaVaca se registraron enseguida 1.200 usuarios de toda España, de los que “seiscientos y pico entran a diario para consultar las últimas ofertas y demandas». “Es lo que llaman el efecto Instagram”, dice, pero en este caso “para ver las nuevas fotos de vacas que se han subido”

El próximo paso que planea Seresco es abrir “este escaparate ganadero que pone en contacto a los dos extremos reduciendo a lo magro el gasto en intermediarios” a otras especies animales como cabras, ovejas o caballos. También, avanza Rubén Pérez, «pensamos introducir equipamiento de trabajo como los tractores, y no descartamos que en VayaVaca se puedan comprar y vender derechos de la PAC”. Pero “el piso” que había que subir ahora en “la construcción de este edificio”, sigue el representante de Seresco, “eran las subastas en tiempo real”.

En época de videoconferencias y webinarios, y con las ferias, concursos y exposiciones de ganado canceladas por razones sanitarias, fue la Federación Española de Criadores de Limusín la que propuso la idea. Las ganaderías habían seleccionado los mejores sementales jóvenes en los meses de mayo y junio para la tradicional subasta de Salamanca y esta acabó siendo suspendida por la pandemia de covid-19. El plan de la federación es combinar en adelante las ferias presenciales con la puja digital, pero de momento, mientras no se vislumbra el fin de la crisis sanitaria, ya ha contratado 10 subastas por internet a Seresco. La empresa factura 2.500 euros por cada una, ni la mitad del precio que alcanzó algún semental en la primera cita. En la plataforma VayaVaca, la versión vacuna y española de Amazon, por cada animal que se vende la compañía cobra cinco euros.

El riesgo de una puja online estaba, como en VayaVaca, en la dificultad de vencer “las arraigadas costumbres y las formas de negociar ancestrales” de un sector que sin embargo “ya usa masivamente WhatsApp en su trabajo», apunta Pérez. Pero el mayor miedo de los informáticos era, sin duda, que muchos de los que se habían apuntado para pujar o para asistir como espectadores se quedasen sin ver la retransmisión en streaming desde el recinto ferial por culpa de la abismal brecha digital que padece el campo español con respecto a las ciudades.

A la hora de comienzo de la puja, al mediodía del sábado 10, una nota en la pantalla avisaba de problemas “técnicos» y así transcurrieron unos 30 minutos. Pero lo que retrasaba el inicio de la subasta de ganado selecto, “los ferraris de las vacas”, no era la falta de señal sino la avalancha de nuevos pujadores que querían apuntarse a última hora, cuando el plazo había expirado el viernes. Era preciso comprobar que todos los candidatos eran auténticos ganaderos, y al final consiguieron “tarjeta virtual” para participar 65 profesionales. En vez de levantarla desde el público, como es costumbre, debían hacer clic en un botón que se les habilitaba en la pantalla de su ordenador, su tableta o su móvil.

Pese a algunos problemas técnicos que se fueron superando, al final nada impidió que los speakers cantaran como siempre (aunque con mascarilla) las virtudes de los ejemplares a subasta. Así, todo el mundo pudo escuchar que Legionario procede de una madre con “enorme facilidad de parto”, una característica que el hijo puede transmitir a generaciones futuras. O que León es “una auténtica máquina de hacer carne”, según describió al micro Jacinto Rodríguez, director técnico de la raza charolesa. La aparición en la pista de Melocotón, de 20 meses, suscitó un pulso como los de los mejores tiempos analógicos entre dos pujadores que aspiraban a llevárselo a casa, y su precio se disparó hasta los 3.900 euros. Pero el que se quedó sin él por el vértigo de subir a 4.000 su oferta, logró a continuación que le adjudicaran a Mago, de la ganadería madrileña Navalfondo, por solo 2.900.

No se batió el récord histórico de las subastas de raza limusina en España, situado en 17.000 euros, pero el máximo precio de la jornada lo alcanzó a una velocidad de vértigo Platero, un reproductor de 20 meses de la ganadería de Hermanos Bernardo que se adjudicó a un pujador salmantino por 6.100 euros a partir de un precio inicial de 3.200. Le siguió en cotización Obélix, un novillo de 22 meses criado por Candeleilla en Ávila. Su “grandísimo tamaño” y su buena edad para “empezar a cubrir” hembras elevaron su valor de los 3.400 a los 4.300.

Por cada uno de estos sementales de élite adjudicados, la Diputación de Salamanca da una ayuda de 345 euros a los compradores de la provincia y 230 a los de fuera. Además, la federación de la raza limusina pone otros 150 para el transporte. “Con la ayuda de la Diputación, este magnífico ejemplar de blonda de Aquitania se queda en un regalo”, animaba a los posibles compradores Josu Payás, el calificador de las razas vascas que acudió desde Euskadi al acto en Salamanca. “Tienen ante ustedes un animal manso, de nalgas bien redondeadas y descendidas, hijo de una hembra de excelentes características maternales y muchísima leche”, seguía el avezado presentador del ganado ponderando las virtudes de los machos descomunales que recorrían la pasarela.

Ahí estaban también Porthos, “completo, equilibrado, armónico y listo para echarse a ejercer su labor de reproductor en el campo”, que se llevó por 3.700 euros un ganadero cántabro. O Potxolo, o Pistacho, o Mohicano, o Lauburu, o Lancelot… En un par de horas se adjudicaron 37 de los 48 animales que se presentaban a la subasta: todos los machos de la raza limusina, la mitad de los toros de charolesa y blonda de Aquitania y el 100% de las 19 vacas pirenaicas ya preñadas. Seresco, que en su aventura de la compraventa de vacuno tiene la colaboración del Banco Sabadell para dar cobertura a las operaciones, comprobó que durante la subasta, además de profesionales españoles, se conectaron franceses, alemanes, portugueses y hasta criadores desde México y Colombia.

Uno de los clientes franceses que asistía como espectador desde su granja en el país vecino se prendó de Porrontxo, un macho de blonda de Aquitania de la ganadería de José Ángel Zendoia (Orio, Gipuzkoa). A pesar de su mansedumbre, de su “muchísima carne” y su “impresionante espesor del lomo” la subasta de este hijo por inseminación artificial de Galiax y Greta (a su vez hija de Berlioz, campeón de París), quedó desierta. Y el ganadero francés telefoneó a la organización para pedir que lo volvieran a sacar a la pista. Sin rivales que batir, se llevó a casa a este semental “capaz de ganar a diario dos kilos con 198 gramos” por solo 2.800 euros.