Un paseo por el valle de San Gabán, en la provincia puneña de Carabaya, podría resultar muy fascinante y a la vez confortante. Un lugar maravilloso con abundante vegetación, la cubierta de cultivos de Cacao, el alimento de los dioses. Hoy encaminada a ser la ruta de la economía sostenible.
Recorrer la selva de San Gaban por la vía Interoceánica, es una experiencia fantástica para disfrutar la maravilla natural que muestra esta ruta, que inicia en la ciudad de Juliaca, con un ascenso hasta los 4,321 msnm, donde se ubica la localidad de Macusani, que posa al pie del emblemático nevado de Allincapac.
A partir de allí, la carretera va en descenso con interminables curvas, si uno hace aventura, su primera parada será las aguas termales de Ollachea, un baño propicio para engancharse de lleno con la calurosa selva, y disfrutar de su extraordinaria flora.
La cadena de bosques guarda innumerables misterios, que reposan entre los chirríos de grillos y de cataratas, las melodías híbridas del embrujo tórrido, que en el tiempo quedaron esculpidas en los petroglifos de Chaquimayo, un lugar místico y de rituales religiosos de los antiguos habitantes del lugar.
En honor a esa joya arqueológica, crearon la pasta de chocolate Sanqahua, que lleva como símbolo el lagarto. Dionicio Ccanccapa Mamani, es su creador, un agricultor quechua hablante que cultiva Cacao, una persona con cualidades innatas para el emprendimiento.
“La agricultura es dedicación y esfuerzo, nada es fácil en la vida”, refiere sobre su rutina de trabajo en su chacra de cacao, al que considera como la caja chica de su supervivencia, que a pesar del periodo de emergencia sanitaria por el Covid-19, él no paró de trabajar.
Es un férreo defensor de los cultivos alternativos, el cacao es el soporte de su economía familiar, “aquí vivo tranquilo y feliz”, narra, mientras coge la mazorca de cacao, lo parte para extraer el grano, y degusta la placenta “esto es una delicia”. Indica.
En San Gaban, no es el único que cultiva el cacao orgánico, en la larga lista de agricultores líderes, también están Toribia y Feliciana Quispe Huaricacho, quienes gracias a la asistencia técnica de profesionales de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), incursionaron por el cultivo de cacao, el tesoro que crece en medio de la biodiversidad.
Jarema, es otra de las marcas de chocolate, promocionada por Julia Cruz, ella es natural de comunidad nativa de San Lorenzo del distrito de Camanti, en la región Cusco, es beneficiaria de Devida y cultiva cacao en un área de 5 hectáreas, periódicamente recibe visitas en su parcela, donde se respira aroma de chocolate y se bebe refrescos de sumo de cacao, una delicia para el paladar.
Sin duda, es una excelente ruta, que desafía todos los sentidos de aventura, donde la labranza de cacao aflora, una actividad económica sostenible y con muchas bondades para la salud, teniendo en cuenta que este grano tiene propiedades antioxidantes, energiza el organismo, regula niveles de azúcar en la sangre y reduce el estrés.

Por: Eder Pérez Fuentes