noviembre 25, 2020

Europa ha podido constatar durante la pandemia que el tren digital no ha hecho sino acelerar su velocidad. Y, para subirse a él, la UE no puede quedarse al margen del negocio de los datos. Con la vista puesta en romper de nuevo el duopolio de Estados Unidos y China, la Comisión Europea lanzó una nueva legislación que permitirá crear un mercado único de los datos. Y, a las puertas de aprobar la ley de Servicios Digitales, Bruselas propone un modelo alternativo al de los grandes gigantes tecnológicos basado en la creación de intermediarios que garanticen su neutralidad y transparencia en la gestión de los datos.

Las empresas europeas se quedaron al margen del negocio de los datos indviduales. Las grandes tecnológicas dominan una industria que antes de la pandemia generaba 59.000 millones de euros. El uso intensivo de las nuevas tecnologías durante la pandemia no ha hecho sino aumentar esa actividad y han concentrado todavía más en manos de las grandes tecnológicas la materia prima que quiere retener Europa: los datos. A pesar de que Bruselas casi arroja la toalla en áreas como las redes sociales, lideradas por Facebook o Twitter, quiere plantar cara a Estados Unidos y China en el ámbito empresarial.

El objetivo final es crear un mercado único europeo de datos con un modelo alternativo al de las grandes corporaciones estadounidenses con reglas que permitan generar confianza entre administraciones, empresas y ciudadanos para compartir datos. Ese modelo se basa en la figura del “intermediario de datos”, que serán agentes o compañías “neutrales” y “transparentes” que ahuyenten, por ejemplo, los recelos a compartir datos empresariales por una eventual pérdida de competitividad. Para garantizar esa neutralidad, esas empresas no podrán intercambiar los datos que obtenga para su porpio interés (por ejemplo, vendiéndolos a otro empresa o usándolos para su estrategia comercial) y tendrá que cumplir con unos requisitos estrictos. En otras palabras, cualquier empresa que quiera entrar en esa dinámica deberá desarrollar esa actividad de forma nítidamente separada al resto.

“No tienes por qué compartir todos tus datos. Pero si quieres y los datos son sensibles, deberías poder hacerlo de una forma en la que puedas confiar y en la que los datos sean protegidos. Queremos dar a los ciudadanos y a las empresas las herramientas para seguir controlando esos datos. Y para constuir cofianza en que se van a manejar en línea con los valores europeos y los derechos fundamentales”, sostuvo la vicepresidenta Margrethe Vestager. A su lado, el comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, dijo que “Europa necesita un mercado único abierto y soberano para datos. Acompañada por las inversiones adecuadas y las infraestructuras clave, nuestra regulación ayudará a que Europa se convierta en el primer continente del mundo en datos”.

Las empresas europeas se quedaron al margen del negocio de los datos individuales. Las grandes tecnológicas estadounidenses dominan hoy una industria que antes de la pandemia generaba 59.000 millones de euros. El uso intensivo de las nuevas tecnologías durante los confinamientos ha aumentado en gran medida esa actividad y ha concentrado todavía más en manos de las esas compañías —aún más grandes— la materia prima que quiere retener Europa: los datos. A pesar de que Bruselas casi arroja la toalla en áreas como las redes sociales, lideradas por Facebook o Twitter, sí quiere plantar cara a EE UU y China en la gestión de datos en el ámbito empresarial.

El objetivo de la Comisión Europea es crear un mercado único europeo de datos con un modelo alternativo al de las grandes corporaciones estadounidenses basado en reglas que permitan generar confianza entre administraciones, empresas y ciudadanos para compartir datos. La clave de la propuesta es la figura del “intermediario de datos”, que lo constituirán agentes o compañías “neutrales” y “transparentes” que ahuyenten, por ejemplo, los recelos a compartir datos empresariales por una eventual pérdida de competitividad.

Para garantizar esa neutralidad, esas empresas intermediarias no podrán intercambiar los datos que obtengan para su propio interés (por ejemplo, vendiéndolos a otra empresa o usándolos para su estrategia comercial) y tendrán que cumplir con unos requisitos estrictos. En otras palabras, cualquier sociedad que quiera entrar en esa dinámica deberá desarrollar esa actividad de forma nítidamente separada al resto.

Las empresas que se quieran dedicar a la intermediación con datos deberán notificarlo a las autoridades nacionales de Competencia, que deberán controlar que cumplen con todos los requerimientos. Bruselas, por su parte, ejercerá también una vigilancia mediante un registro de todas esas entidades.

”No tienes por qué compartir todos tus datos. Pero si quieres y los datos son sensibles, deberías poder hacerlo de una forma en la que puedas confiar y en la que los datos sean protegidos. Queremos dar a los ciudadanos y a las empresas las herramientas para seguir controlándolos. Y para construir cofianza en que se van a manejar en línea con los valores europeos y los derechos fundamentales”, sostuvo la vicepresidenta Margrethe Vestager. A su lado, el comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, dijo que Europa necesita “un mercado único abierto y soberano para datos”. “Acompañada por las inversiones adecuadas y las infraestructuras clave, nuestra regulación ayudará a que Europa se convierta en el primer continente del mundo en datos”, añadió el comisario francés.

Política industrial

El Ejecutivo de Ursula Von der Leyen ya se fijó como meta en su arranque, hace un año, la digitalización económica. Antes de que estallara la pandemia, la Comisión presentó su estrategia para recuperar terreno en el negocio de los datos en dos frentes: mediante la creación de un espacio único para los datos y de una gran nube europea, en línea con el proyecto que habían puesto en marcha Alemania y Francia.

La Comisión invertirá 2.000 millones para impulsar ese mercado único mediante las infraestructuras y mecanismos necesarios. Breton recordó que la gestión de los datos forma parte de la “política industrial europea”, que quiere subirse a la que cree que será la segunda oleada digital, en la que el empleo de datos trascenderá el ámbito del consumidor y se dará sobre todo en el empresarial.

La regulación también recoge la creación de un Consejo Europeo de Innovación de Datos para que los Veintisiete compartan las mejores prácticas, en especial en la vigilancia de los intermediarios. Bruselas prevé lanzar, además, este mismo año ya varias iniciativas sectoriales relacionadas con los datos, como una propuesta para compartir información sanitaria y otra para la relacionada con la lucha contra el cambio climático.