noviembre 8, 2020

Aunque al hablar de exploración espacial y empresas privadas todo el mundo piensa en SpaceX, no debemos de olvidarnos de otras que, como Blue Origin, también tienen ambiciosos planes en lo referido a desarrollar diversas actividades fuera de nuestro planeta. Es normal, claro, que la empresa de Elon Musk cope los titulares, pues ha sido la primera en muchas cosas, incluido en llevar humanos al espacios, y además juega con la baza extra de la enorme popularidad de su fundador. Pero, lo dicho, el panorama en lo referido a la presencia de empresas privadas en la carrera espacial es mucho más rica e interesante.

El último y más claro ejemplo de ello lo tenemos en Blue Origin, la empresa fundada por Jeff Bezos, el creador de Amazon, y que desde hace años tiene un objetivo marcado, y se trata de un objetivo bastante ambicioso: la Luna. Ya lo dijo Bezos en 2018: «Es hora de volver a la Luna, esta vez para quedarse« en la presentación del aterrizador Blue Moon, un vehículo con el que pretendía llegar a nuestro satélite en 2024, pero que según sabemos hoy por Slashgear podría adelantarse un año hasta 2023.

Recordemos que uno de los principales objetivos de la NASA en la actualidad es volver a la Luna, y es que tras la cancelación de programa Apolo, el ser humano nunca ha vuelto a pisarla. Así, el proyecto Artemis propone el objetivo de que 2024 sea el año en el que volvamos a nuestro satélite. Y esto explicaría la razón de ser de que Blue Origin haya adelantado un año sus planes.

La aportación de Blue Origin al proyecto Artemis pasa, como comentaba antes, por el aterrizador Blue Moon, una nave de carga capaz de posarse en la superficie lunar llevando una importante carga de suministros, que servirán de gran apoyo a los primeros astronautas que pisen la Luna en 2024. Pero además de eso, la misión serviría también como una especie de ensayo general de cara a la primera misión tripulada a la Luna desde hace alrededor de medio siglo. Y es que, aunque en su momento se llegó a calificar viajar al satélite como algo rutinario, esa es probablemente una de las palabras que peor definen ese viaje.

En lo referido a la propia misión, el aterrizador de Blue Origin es capaz de transportar hasta una tonelada de carga que incluiría suministros de emergencia, herramientas, repuestos y un rover para que los astronautas de Artemis lo usen en la superficie. Contar con un vehículo con esta capacidad, y que pueda realizar múltiples entregas en la superficie lunar, tanto programadas como especialmente de emergencia, serían una importantísima baza de cara a plantearse la posibilidad de establecer una base permanente en la Luna.

No hay, de momento, constancia alguna de que la NASA y Blue Origin hayan suscrito algún contrato. Sin embargo, es posible que sí que existan contactos informales entre ambas organizaciones, pues de lo contrario parece tremendamente arriesgado, por parte de Blue Origin, poner en marcha un proyecto de este tipo. Sea como fuere, parece que la Luna vuelve a estar tan «cerca» como a finales de la ya lejana década de los sesenta, cuando la lista de los grandes exploradores de nuestra historia sumó a Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins.