noviembre 3, 2020

Los economistas miran la recuperación como una sopa de letras por la que circulan rebotes en V o W, previsiones de PIB, inflación o empleo, y un alud de indicadores para hacerse una idea de si el mundo irá o no en la dirección correcta. Ulrike Malmendier analiza una variable más abstracta y difícil de medir: la experiencia. Nacida en Colonia (Alemania), hace 47 años, esta catedrática de Economía en la Universidad de Berkeley intervino este jueves en un acto de la Fundación BBVA. Por teléfono, explica que haber vivido traumas como la Gran Depresión, la crisis financiera o la pandemia de nuestros días puede alterar más de lo que imaginamos decisiones futuras de consumo de los ciudadanos de a pie, marcar la relación con la inflación de dirigentes de bancos centrales o congelar nuestros ahorros en el banco más tiempo del habitual.

Pregunta. ¿Tanto influye la experiencia en la economía?

Respuesta. Los modelos económicos miran la riqueza, los ingresos o el empleo para predecir si alguien invertirá en acciones o comprará una casa. Lo que yo digo es que las experiencias que esa persona ha vivido tienen un impacto duradero y significativo. ¿En qué dirección? Piensa en ello como si pusieras más peso en la probabilidad que ya has vivido: todos aquellos que vivieron la Guerra Civil española o la crisis financiera toman decisiones como si estos escenarios fueran muy probables que ocurran de nuevo, más que alguien que no los ha experimentado. La generación de mis padres, que vio el final de la Segunda Guerra Mundial y pensaba que de un momento a otro podían bombardearnos la casa, era una generación de grandes ahorradores.

P. Traducido a los tiempos actuales. ¿Volveremos a ser como antes de la pandemia?

R. Creo que a menudo en la mente de la gente está que si todo vuelve a ser como antes de la crisis, todo estará bien. Y lo que yo digo es que incluso si en marzo de 2021 volviéramos por arte de magia a la situación de antes de la pandemia, asumir que todo será igual es erróneo. Aquellos que han sufrido la crisis harán elecciones de consumo, trabajo, educación y ahorro diferentes. Habrá una generación completa marcada por esta crisis.

P. Unos ahorran y otros dependen de ayudas. No todos tendrán el mismo recuerdo.

R. Depende mucho del país en que vivas y del sector en que trabajes. En España, el desempleo es muy alto, sobre todo en los jóvenes, y eso puede hacer que se decanten por trayectorias profesionales más seguras pero en las que progresen menos debido a que tienen este año en la memoria. La generación que acaba de graduarse de la universidad en plena recesión lo primero que ve es que no consigue trabajo, o que tenían trabajo y desapareció, o que no ganan mucho dinero, y estas generaciones quedan gravemente marcadas. En el caso de los trabajadores de restaurantes, el sector de viajes o el hotelero, estarán preocupados por sus elecciones laborales. Todos ahorraremos más en todos los ámbitos, pero especialmente los empleados de esas industrias. Es de esperar que haya una tendencia creciente a guardar dinero para estar listos si se llega al peor escenario, por lo que en general habrá un aumento de la tasa de ahorro. También me pregunto si aumentará el gasto en seguros de salud.

P. ¿Seremos menos emprendedores?

R. La pregunta es quién estará dispuesto a emprender tras enfrentarse a estas experiencias tan negativas. Los jóvenes tienden a quedar más marcados que alguien de 50 o 70 años, porque en los mayores tiene menos peso una experiencia como la crisis financiera que en alguien que acaba de empezar su vida laboral, en quien puede generar una actitud. Los más jóvenes promedian lo que han visto en su vida hasta ese momento. No sé cómo es la participación laboral femenina en España, pero puede haber mujeres que digan: “No vale la pena, yo me quedo en casa”, no continúen su educación y se pierdan oportunidades de crecimiento económico durante años.

P. ¿El trauma de la pandemia será comparable a la crisis financiera o la Gran Depresión?

R. Depende de qué indicador miremos. En el mercado de acciones mi predicción es que influirá mucho menos en su comportamiento. En mi investigación sobre los niños de la Gran Depresión mostré que su impacto sobre la Bolsa duró décadas. E incluso para un inversor que haya vivido la crisis financiera de 2008 con 30 años, lo negativo de la experiencia es tal que puede retrasar otros 30 años la toma de ciertas decisiones de riesgo. Ahora no veo que los inversores se alejen de las acciones. Sin embargo, en otras variables como las interacciones sociales o el empleo en sectores como el de viajes, hostelería, petróleo o gas, su impacto puede ser mayor para sus directivos y empleados.

P. ¿La experiencia ha hecho enterrar a las grandes instituciones la austeridad como respuesta a la crisis?

R. Las discusiones sobre la austeridad son bienvenidas, sobre todo porque soy alemana, y los alemanes siempre tenemos algo que decir sobre eso. He estudiado la Reserva Federal, y la conclusión es que cuanto más tiempo han vivido personalmente sus miembros en periodos de alta inflación, más halcones son. En el caso del BCE está al frente Christine Lagarde, no Jens Weidmann, y justamente su experiencia vital frente a la de los alemanes y sus actitudes puede estar jugando un cierto papel.